Por AMYLKAR ACOSTA MEDINA - www.amylkaracosta.net- Miembro de Número de la ACCE
En un
hecho inédito el Ministro de Hacienda y Crédito público (MHCP) Germán Ávila
renunció a seguir participando en la Junta del Banco de la República, por no
compartir su decisión de incrementar la tasa de intervención 100 puntos básicos
hasta el 11.25%, mediante, según él, “la utilización de esa mayoría poco
legítima”. Mayoría esta de una Junta integrada por 7 miembros, de los
cuales 3 han sido designados por el Presidente de la República Gustavo Petro y
el Gerente Leonardo Villar, cuyo mandato fue renovado por unanimidad,
contando con el voto del ex ministro de Hacienda de este gobierno Ricardo
Bonilla.
Como lo
ha advertido el Gerente del Banco Leonardo Villar, dicha decisión obedece
a que “las expectativas de inflación se mantienen elevadas”. No obstante,
a ello ripostó el Ministro espetando que “eso es pura paja”. Ese es el nivel
del debate planteado por él. Pero, la verdad sea dicha, si el gobierno no le
quita el pie al acelerador al gasto, como se lo ha requerido el Comité Autónomo
de la Regla fiscal (CARF) en forma reiterada, le toca al B de la R, como
contrafómeque, activar el freno de emergencia para frenar la inflación, ahora
atizada además por la guerra del Golfo Pérsico, apelando a su principal
herramienta de la política monetaria tendiente a meter en cintura a la
inflación.
No han
faltado voces de quienes, en auxilio de la postura del Ministro Ávila y sus
denuestos contra quienes se apartaron de sus designios, traen a colación el
hecho de que el Banco central europeo, que preside Cristine Lagarde y la
Reserva Federal de EEUU, que preside Jerome Powell, han cedido a la tentación
de subir las tasas y han preferido mantenerlas estables. Empero, a ninguna de
las dos juntas de esos bancos centrales les ha tocado lidiar con el
desbordamiento del gasto público por parte de sus gobiernos, ni con un
endeudamiento inusitado para insuflarlo, como sí le ha tocado a la actual Junta
del B de la R. Los hechos son tozudos.
En efecto, desoyendo los llamados del CARF, el gobierno ha
seguido gastando desenfrenadamente, sobre todo en burocracia y contratos
adjudicados a dedo aceitando su maquinaria electoral. En vísperas de la entrada
en vigencia la Ley 996 de 2005, de garantías, se firmaron más de 521,000
contratos directos por entidades estatales, según reportó la Contraloría. Esta
contratación masiva sumó un valor superior a los $32,88 billones de pesos en
enero, generando hallazgos y preocupación por la velocidad de la contratación.
Se constituyó en piedra de escándalo el caso que reveló la Unidad investigativa
de El Tiempo, que tuvo que recurrir a un derecho de petición para acceder a una
información muy comprometedora que da cuenta del sinnúmero de contratos
firmados por entidades del Gobierno central, sin mediar licitación o
convocatoria pública, con Juntas de Acción Comunal, cabildos y resguardos
indígenas por valor de $31 billones. Y ni se diga lo que ha pasado con el endeudamiento.
Este último pasó de $1.031 billones en enero de 2025 a $1.205 billones, $170
billones más en solo un año.
Hay que traer a colación también el exagerado incremento en
el salario mínimo legal, ahora vital. Mientras las centrales obreras pedían un
incremento del 16%, que muchos analistas consideraron desproporcionado, la
munificiencia del Gobierno fue mucho más generosa y lo elevó en el 23.78%, 7.78
puntos porcentuales por encima de la aspiración de los trabajadores. Todas
estas son presiones que alimentan las “expectativas de inflación”, como lo
delata el Gerente Villar.
Los
tiempos en los que la Junta Monetaria, que manejaba la política
monetaria y cambiaria, era un apéndice del Ministerio de Hacienda, los dejó
atrás la Constituyente de 1991, al otorgarle dichas facultades a la Junta de un
B de la R autónomo. Como afirmó en su momento el renombrado hacendista y
Delegado a la Asamblea Nacional Constituyente Alfonso Palacios Ruda, “por fin
en la Constitución se va a enterrar el leviatán, se va a enterrar ese monstruo
que es la Junta Monetaria”. Y, en efecto, se le dio cristiana sepultura, aunque
ahora se pretende resucitar su espíritu con actitudes como las del Ministro.
Lo que
está en juego es nada menos ni nada más que la autonomía del Banco de la
República. Y esta no es un dogma vacío ni una reliquia institucional: es un
pilar de la estabilidad macroeconómica que ha demostrado su valía a lo largo
del tiempo, aquí y en Cafarnaún. Sin embargo, en medio de recientes cuestionamientos como los del
Presidente de la República Gustavo Petro, quien considera y califica como “estrafalaria la posición de
los 4 de la Junta directiva del Banco de la
República ponen en riesgo el nivel de vida de la población colombiana y su
empleo”, todo ello se está poniendo en tela de juicio. Y sentencia diciendo que
“el Banco ha perdido su real independencia”, sólo por el hecho de no compartir
su decisión, de la que participaron varios miembros de Junta que fueron
designados por él mismo, de lo cual se arrepiente tardíamente por no plegarse a
la posición minoritaria del Ministro Ávila.
De
acuerdo con la Carta entre el Gobierno y la Junta directiva del Banco Emisor
debe existir coordinación, más no subordinación. Lo dijo
claramente la Corte Constitucional en su Sentencia C – 426 de 2020, “la Corte ha reconocido que la Banca Central
debe ejercer sus funciones bajo un amplio margen de libertad e independencia, sin
injerencias de las ramas del poder público o de otros órganos del Estado,
salvo las admisibles para asegurar la coordinación, y no está condicionada a
las dinámicas electorales”. Joseph
Stiglitz, premio Nobel de Economía y a quien nadie puede etiquetar de
Neoliberal advierte que “cuando los gobiernos subordinan la política
monetaria a sus necesidades fiscales o a cálculos de corto plazo, el resultado
suele ser desastroso: inflación, pérdida de credibilidad y deterioro del bienestar
general”.




%20-%20copia.jpg)





No hay comentarios:
Publicar un comentario