Por
RAÚL BUSTAMANTE DE LA VEGA
¿Por qué Felipe
Merlano De La Ossa escribe sobre béisbol y su cultura en el Caribe
colombiano, y por qué ahora publicó El hado de Isla Cangrejo: utopías y
heterotopías de Cartagena de Indias? Este último ensayo me permite redactar
el presente artículo de opinión. A los libros y sus autores hay que
practicarles una autopsia literaria; en este caso, se desprende el maltrato de
una espina en el alma, la misma que se advierte en los buenos escritores del
Caribe y en los pensadores de altura de cualquier rama de las ciencias de
nuestra región: la pobreza espiritual, más que material, de los habitantes de
nuestra aldea.
El enigma del
autor es cómo lograr que el ciudadano profano entienda temas que en la academia
resultan demasiado complejos en su tratamiento investigativo, científico,
social y económico, sin tener que esperar ganarse una lotería, una demanda
laboral o un viaje al exterior cargado de cocaína. Se trata de adquirir
conciencia real de su entorno, lo cual Merlano consigue en El hado de Isla
Cangrejo mediante la lúdica y la traducción del lenguaje académico al
español caribeño elemental y sabrosón, incluso con dichos populares
ancestrales. Entre ellos, la comparación de la mediocridad de muchos habitantes
con las ollas llenas de cangrejos vivos que antaño se vendían en el Caribe:
algunos intentaban salir de la olla o de la carreta del vendedor, pero los
demás los agarraban y empujaban hacia abajo para impedirles escapar.
El “hado”
—entendido como destino o fuerza invisible— que marca la historia de Cartagena
y su gente, atrapada en el olvido de lo propio, nos invita a una transformación
ética y colectiva de la ciudad.
El libro está
compuesto por nueve capítulos y 185 páginas amenas que pueden leerse en una
sola noche. Contiene doce propuestas clave para transformar la ciudad, fruto de
toda una vida de estudios económicos y de la experiencia laboral del autor.
Días atrás
compartí un almuerzo con el próximo vicepresidente de la República de Colombia,
doctor José Manuel Restrepo Abondano, quien en la conversación abordó
con claridad el tema de cómo retomar el curso del desarrollo económico de
Cartagena. Le manifesté que la ciudad estaba sobrediagnosticada y que
necesitábamos un plan inmediato y urgente que jalone el bienestar del
departamento de Bolívar. Le hablé sobre el libro en comento y quedé en
entregárselo en nuestro próximo encuentro o enviárselo por correo. Estoy
convencido de que a Cartagena la sacaremos adelante.
Lo
demás, queridos lectores, les corresponde descubrirlo a ustedes con la lectura
y compra del libro.

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