La influenza aviar continúa propagándose entre especies y a través
de fronteras, con más de 2.000 brotes registrados en 64 países o territorios
solo en el último año. Al mismo tiempo, los recortes en los presupuestos de
ayuda están debilitando las redes de vigilancia, la capacidad de respuesta ante
emergencias y los programas veterinarios de los que depende el mundo para
detectar y contener las enfermedades antes de que se propaguen.
El informe de este año se basa en la histórica publicación
inaugural de 2025 y presenta un llamado urgente, sustentado en evidencia, que
explica por qué precisamente ahora —cuando la inversión en sanidad animal se
está reduciendo — es el momento de cambiar de rumbo. La conferencia de prensa
de lanzamiento contará con la participación de la dirección de la OMSA, que
ofrecerá comentarios en directo sobre los hallazgos y la relevancia del
informe, en la antesala de la 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados
(18–22 de mayo). Los principales hallazgos servirán de base para el debate del
Foro de la Sesión General de este año: “Invertir en Sanidad Animal para
Asegurar el Futuro de Todos”.
Las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción
animal mundial cada año, pérdidas que provocan un aumento de los precios de los
alimentos, la interrupción del comercio y el debilitamiento de los medios de
sustento de miles de millones de personas que dependen de los animales para su
alimentación e ingresos. Sin embargo, los sistemas diseñados para prevenir
estas pérdidas reciben menos del 0,6 % del gasto sanitario mundial, y menos de
1.000 millones de dólares estadounidenses en ayuda al desarrollo llegan cada
año a los servicios veterinarios y a la prevención de enfermedades zoonóticas.
El informe Estado de la Sanidad Animal en el Mundo 2026 destaca
que se trata de un problema solucionable: llevar los Servicios Veterinarios de
todo el mundo a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300
millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05% de lo que costó la
COVID-19 en un solo año. La edición de este año presenta una convocatoria
urgente a reconocer la sanidad animal como un bien público mundial, que
requiere una inversión compartida entre países y sectores, a una escala acorde
con los beneficios que genera.








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