Por RAUL BUSTAMANTE DE LA
VEGA
Como
jurista y como ser humano, no puedo guardar silencio ante el exterminio
sistemático de cristianos en distintas regiones del mundo. La masacre reciente
en el Congo, donde más de 120 creyentes fueron asesinados por su fe, me obliga
a alzar la voz desde Cartagena, con la convicción de que la dignidad no tiene
fronteras.
Más de 380
millones de cristianos enfrentan persecución activa. En algunos países,
profesar el cristianismo equivale a una sentencia de muerte. Y sin embargo, el
mundo de mentalidad globalista
desea que lo ignoremos, como también, desean acabar con la familia y demás
instituciones con las cual el ser humano ha creado el núcleo de su existencia.
En 2025,
más de 380 millones de cristianos enfrentan persecución activa en el
mundo. Esto significa que uno de cada siete creyentes es hostigado,
discriminado o directamente atacado por su fe. La violencia ha alcanzado
niveles sin precedentes, con más de 3.600 detenciones arbitrarias y 1.140
condenas sin juicio previo, según la Lista Mundial de la Persecución.
Corea del
Norte encabeza la lista de países
más represivos: practicar el cristianismo allí es considerado un crimen grave.
Los creyentes deben reunirse en secreto, bajo amenaza de ser enviados a campos
de trabajo forzado.
En Nigeria,
la situación es aún más sangrienta. Este país concentra más del 82% de los
asesinatos de cristianos a nivel mundial, perpetrados por grupos
extremistas como Boko Haram y milicias fulani. La cifra estremece, pero no
conmueve a los gobiernos que deberían actuar.
Afganistán, tras el retorno del régimen talibán, ha
recrudecido su persecución religiosa. Los cristianos convertidos desde el islam
son considerados apóstatas, y enfrentan ejecuciones, desapariciones o exilio
forzado.
En Colombia, congresistas y funcionarios de la secretaria distrital del gobierno de
Bogotá de la alcaldesa CLAUDIA LOPEZ, del partido verde, igual su esposa, la
senadora ANGELICA LOZANO CORREA, esta alcaldía querría cerrar la capilla
cristiana del aeropuerto el dorado de Bogotá.
Hace pocos días, en el contexto de la reforma
tributaria presentada en septiembre de 2025, desean gravar a las iglesias, el
Ministerio de Hacienda, encabezado por el ministro Germán Ávila, como parte del
proyecto oficial del Gobierno Nacional.
En manifestaciones de la primera línea han
quemado parte de iglesias y destruido estatuas de santos cristianos. En
Colombia sí han sido asesinados cristianos por su fe, especialmente en zonas
controladas por grupos armados ilegales.
En julio de 2025, ocho cristianos evangélicos
fueron encontrados en una fosa común en el caserío de Puerto Nuevo, Guaviare. Las
víctimas, entre ellas un pastor de la Iglesia Cristiana Carismática
Cuadrangular, habían sido convocadas por el grupo armado Frente Primero,
disidencia de las FARC.
Colombia ocupa el puesto 46 en la Lista
Mundial de Persecución de Puertas Abiertas.
He elevado
memoriales ante los principales organismos internacionales, solicitando medidas
cautelares, alertas tempranas y campañas de visibilización. No lo hago como
activista, sino como defensor del derecho a vivir sin miedo por creer.
“La
libertad religiosa está protegida por el artículo 18 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, y por el artículo 19 de nuestra Constitución. No
es una concesión: es un derecho fundamental.”
“No
defiendo una religión, defiendo la vida. Cada cristiano asesinado por su fe es
una herida que nos interpela. Desde mi trinchera jurídica y humana, seguiré
denunciando, protegiendo y construyendo puentes de justicia. Porque la fe, como
la dignidad, no se negocia.
La fe no
debe ser motivo de muerte. Cada cristiano asesinado por su creencia representa
una herida abierta en la conciencia global. Como jurista, como ser humano, y
como defensor de la memoria de quienes ya no pueden alzar la voz, me comprometo
a seguir denunciando, protegiendo y construyendo puentes de justicia.







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