Por AMYLKAR ACOSTA MEDINA
- www.amylkaracosta.net- Mimbro de Número de la ACCE
Una vez
más se asoma amenazante el fenómeno de El Niño, con su consabida temporada de
sequía. Este es uno de los dos fenómenos extremos que caracteriza la
variabilidad climática, el otro es el de La Niña, la cual se asocia con altas
precipitaciones y una ola invernal. Dichos fenómenos extremos no guardan
ninguna periodicidad, sus ciclos son imprevisibles, pero sí son recurrentes,
cada vez son más frecuentes que antes, al tiempo que su intensidad y duración
son cada vez mayores.
En
primer lugar, como pocas veces, en esta ocasión la National oceanic and
atmospheric administration (NOAA) de EEUU y el Centro europeo de previsión
meteorológicas a plazo medio (ECMWF) de la UE coinciden en su pronóstico de una
probabilidad de que se presente el fenómeno de El Niño de un 80% en el segundo
semestre de este año. Ello, de acuerdo con sus modelos climáticos, los cuales
les permite hacer estas predicciones con cierta antelación a su
consolidación.
Preocupa
sobre manera lo que advierte el profesor de Ciencias atmosféricas de la
universidad estatal de Nueva York en Albany, citado por The Washington
Post, que en esta oportunidad se trataría de un Super Niño, “el evento de
El Niño más fuerte en 140 años”. Lo más grave para Colombia es que, de cumplirse
este pronóstico, el país no está preparado para enfrentarlo, particularmente el
sector energético atraviesa por su peor crisis.
Por
fortuna en esta oportunidad el actual ministro Edwin Palma, a diferencia del
negacionismo de su antecesor Andrés Camacho, quien estuvo a punto de llevar al
país a un apagón por su imprevisión en el pasado Niño en abril de 2024, ha
asumido una actitud proactiva. Ha dicho con toda claridad que “toca anticipar y
prepararnos…tenemos la responsabilidad de garantizar la energía y el gas para
los hogares colombianos y la industria. Eso está muy bien!
Veamos:
actualmente el Sistema interconectado nacional (SIN) tiene un déficit del 2% en
2026 y se proyecta 3.5% para 2027 de oferta de energía en firme (OEF), debido
al atraso en la ejecución y entrada de proyectos claves tanto de generación (se
necesitan hasta 2.500 MW adicionales) como de transmisión, para evitar el
entrampamiento de la generación.
Además,
la demanda de energía viene creciendo a un ritmo de 2.62%, de tal suerte que el
SIN no cuenta con margen de maniobra. Con un agravante, con fenómeno de El
Niño, en condiciones de hidrología crítica y ante el bajo nivel de los
embalses, toca apelar al parque térmico de generación que le sirve de respaldo
a las hídricas y para poder operar se requeriría importar más gas al país en
momentos en los que la capacidad de importación (a falta de una mayor capacidad
regasificadora) es limitada. Su provisión, así como los precios del gas
licuado, a nivel internacional se está complicando por el conflicto en el Medio
Oriente.
Al
déficit de Oferta de energía firme (OEF) y a las dificultades que se afronta
para el abastecimiento de combustibles a las térmicas se viene a sumar la
crisis financiera que afrontan las empresas comercializadoras de energía, por
el impago por parte del Gobierno Nacional de la deuda por los subsidios al
consumo de energía que ya supera los $3.6 billones, que amenaza con extenderse
a las empresas comercializadoras, a las que la intervenida Air e les debe más
de $2 billones.
Tanto
más dada la baja resiliencia del SIN, habida cuenta que la generación hídrica,
que es la que se verá más impactada por El Niño, participa en más del 60% de la
capacidad instalada y de contera de los 23 embalses con los que cuenta el país,
que sirven a las hidroeléctricas, solo uno de ellos, el del Peñol en Antioquia,
que sirve a la hidroeléctrica de Guatapé, tiene una capacidad de regulación
mayor a un año, las demás no superan los 4 meses. De manera que una seguía
prolongada nos apaga. Así de sencillo.
Tal
situación no era inevitable, no se ha llegado a ella por generación espontánea,
obedece a la imprevisión, a la improvisación y al chamboneo en este y en
anteriores gobiernos, que han impedido que la expansión de la capacidad
instalada de generación y de transmisión de energía se dé al mismo ritmo de
crecimiento de la demanda. Sobre todo en tratándose del estancamiento de los
proyectos de energía eólica atascados en
La Guajira, que compromete 2.400 MW, los cuales vendrían a robustecer y a
diversificar aún más nuestra matriz eléctrica, garantizando una mayor firmeza
y confiabilidad del sistema y de contera la tornaría más resiliente frente
al fenómeno de El Niño, toda vez que tanto la energía eólica como la solar
tienen la propiedad de ser contra cíclicas. Ello, dado que cuanto más intensa
es la sequía son más fuertes los vientos, se cuenta con más horas de sol y
mayor radiación solar.
Es
urgente superar estos impasses, tanto más en cuanto que, como se prevé, la
demanda por energía, va a seguir creciendo exponencialmente por cuenta de la
inteligencia artificial y sus centros de datos, que demandan tanta energía, que
ya proliferan por todo el mundo y si Colombia no se pone a tono con esta nueva
realidad que ya está tocando a sus puertas se quedaría por fuera de su
circuito. Estamos en presencia de lo que los expertos denominan la “tiranía del
24/7”, debido a que los algoritmos de la inteligencia artificial no descansan,
no tienen horario ni calendario, requiriendo el suministro de energía eléctrica
de manera continua, sin interrupciones, firme y lo que es más importante
masiva, ya que, según Goldman Sach el consumo de energía hacia el 2030, que ya
está a la vuelta de la esquina crecerá el 175% (¡!).




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