Viviendo
a mi manera.
Por MÓNICA
VÉLEZ BUSTAMANTE
¡La edad es
un numero! No me gustan los clichés, me parecen de gente con
poca imaginación, aburrida, pero en este caso encaja a la perfección, a menos
que sea deportista de alto rendimiento y de ese numero dependa tu carrera
profesional.
En sociedades falo céntricas y
patriarcales como la nuestra, la edad de una mujer puede ser usada como ataque,
pero solo funciona con aquellas que tienen el mismo nivel machista de quienes
creen que esto puede ser una ofensa.
Negar la edad es desconocer
tantas vivencias, experiencias, risas, llantos, rabias y rabietas, besos,
amores y desamores; no puedo hablar de la calma que traen los años, porque me
siento hoy mas impetuosa que nunca, es quizá por la seguridad que nos da la
experiencia o el saber que no tengo nada que perder y sí mucho por ganar.
En esta nueva etapa, parecida
a una adolescencia, con tantos cambios hormonales que vienen con la menopausia,
palabra prohibida entre quienes creen que esta es el fin y no el principio de
la juventud segunda temporada, con una gran ventaja; en esta tienes las herramientas que en la
primera apenas buscabas para crecer, ahora puedes redireccionar en el rumbo que
elijas, ya cometimos casi todos los errores y estamos a tiempo de cometer
otros, vivimos el amor de diferente manera, pero con la misma pasión, con mas
cuidado y todas las estrategias.
Valorando mi soledad como un
tesoro preciado y temiendo a la vez un futuro incierto, con menos paciencia y cero
tolerancias a las tonterías, defendiendo mis ideas con mi vida si es preciso, expresando
lo que pienso sin pedir permiso a nadie y sin que me importe lo que puedan
pensar, total soy de esa generación que fue capaz de bailar el carrapicho, el
baile de la botella y cuanta barbaridad más, ¡nada nos avergüenza!
Hoy cumpliendo mis cuarenta y
nueve y gritando mi edad con la misma prepotencia de siempre, llena de
nostalgia; es el primero que paso sin mi mamá y además de la tristeza inmensa
que me invade, se suma la conciencia de que cada vez son más los ausentes, ver
como se acaban las generaciones que nos vieron crecer, que nos ayudaron a
formar y que influyeron en lo que hoy soy como persona.
Con tantos errores que no
repetiría, tantos abrazos que si repetiría, tantas sonrisas que quiero ver,
todas las experiencias vividas, buenas, malas, necesarias, absurdas, tardes de
hablar cosas improductivas, esas conversaciones que no sirven para nada y que
son la mejor terapia para el estrés, duras lecciones que me costaron tanto
trabajo aprender y todas las que con seguridad me faltan, entender que hay que
apostar a ganar, lo demás es experiencia, el miedo de no tener nada seguro, la
bizarra idea de sentirme un outsider hasta en los círculos familiares más
cercanos y de haber sido una versión suigéneris de esa famosa canción de
Sinatra my way creo
que no muchas mujeres nos atrevemos a identificarnos con una canción que ha
sido el himno de muchos hombres, pero sí, he vivido a mi manera.
Solo puedo decir feliz arribo
al último escalón del cuarto piso.




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