Por
AMYLKAR ACOSTA MEDINA - www.amylkaracosta.net
Para nadie es un
secreto que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo,
cifradas, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 304.000 millones
de barriles, por encima de Arabia Saudita, que cuenta, con 267.000 millones e
Irán con 209.000 millones. Su producción de crudo, a través de la estatal
petrolera PDVSA, alcanzó su punto más alto en 1997 con 3.45 millones de
barriles/día, participando con el 17% de la oferta global. El año anterior a la
asunción del poder por parte de Hugo Chaves Frías (1998) la producción de crudo
en Venezuela rondaba los 3 millones de barriles/día.
Entre el 2010 y el
2020 los precios del crudo oscilaron entre los US 111.25 en 2011 y los US $41.96 en 2020. El Gobierno de
Chaves se prolongó hasta su muerte en 2013, período este en jauja para su
administración, gracias a los altos precios del crudo, lo que le permitió
ejercer una activa diplomacia del petróleo, mediante el programa Petrocaribe,
ganando adeptos y apoyos entre los gobiernos de Centro América y el Caribe, a
quienes favoreció con la entrega de crudo en “condiciones preferenciales de
pago”, con largos plazos, intereses subsidiados y la posibilidad de pagar en
especie, ya fuera con bienes y/o servicios. Luego se produce su relevo por
parte de quien fuera su vicepresidente, Nicolás Maduro.
Depuesto Maduro se
mueve la geopolítica del petróleo, bueno es hacer un parangón con Colombia, en
donde se hizo popular el acertijo, tratando de establecer qué tan cerca estaba
el punto de inflexión en el que la producción de crudo por parte de Colombia y
de Venezuela se equipararían, en el primer caso subiendo y en el segundo a la
baja. Ello, en momentos en los que la producción en Colombia alcanzó el millón
de barriles/día durante los años 2013, 2014 y 2015 y para entonces en Venezuela
la producción había caído hasta los 2.5 millones de barriles/día. En efecto,
diez años después, en el 2023 se cumplió el vaticinio, sólo que en Colombia, al
igual que en Venezuela la producción en lugar de crecer cayó hasta llegar a
los 777 mil barriles/día y en Venezuela, también cayendo, se situó en los 783
mil barriles/día.
Más recientemente la
producción de Venezuela aventaja nuevamente a Colombia, al tener un repunte
hasta alcanzar los 900 mil barriles/día en 2024 y alrededor del millón de
barriles en 2025, mientras la producción en Colombia certificada por la Agencia
Nacional de Hidrocarburos (ANH) se ha estancado y registró, en promedio, 772
mil barriles/día en 2024 y 750 mil barriles/día en 2025.
En este contexto se
da la intervención del gobierno estadounidense en Venezuela, escalando su
embestida contra la dictadura de Maduro, concluyendo con un operativo
cinematográfico que tuvo como desenlace el apresamiento de Maduro, quien ha
sido puesto a disposición de la Justicia de los EE.UU.
En su comparecencia
ante los medios para dar cuenta de dicho operativo, fue enfático al afirmar que
“haremos que grandes compañías de petróleo estadounidenses entren a Venezuela y
gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura que está muy
dañada y comiencen a ganar dinero para el país”. 26 veces mencionó el Presidente
Trump la palabra petróleo en su rueda de prensa y afirmó que “necesitamos acceso total al
petróleo”. No obstante, el Jefe del Departamento de Estado Marco Rubio quiso
matizar la declaración del Presidente Trump al afirmar que “no necesitamos el
petróleo de Venezuela, tenemos petróleo de sobra. Lo que no permitiremos es que
su industria petrolera quede en manos de adversarios de EE.UU, como China,
Rusia o Irán”.
Cabe
preguntarse cuál es el interés que despierta en el Gobierno de los EE.UU,
siendo el mayor productor de crudo del mundo con 14 millones de barriles/día,
por encima de Rusia y Arabia Saudita, el crudo venezolano. Venezuela, junto con
Colombia y México es uno de los países con mayor potencial de crudo pesado,
el mismo que se requiere para la dieta de varias de las más importantes
refinerías de los EE.UU en la costa sur, la cual demanda importaciones del
orden de 5.9 millones de barriles/día de crudo pesado.
El
sueño de los EEUU es convertir a Venezuela en la Arabia Saudita de Occidente,
claro está en la órbita de su control e influencia y así depender menos del
convulsivo y convulsionado Medio Oriente. Así se explica que, pese a las
sanciones impuestas a Venezuela por parte de EE.UU, la petrolera CHEVRON ha
mantenido sus operaciones en su territorio, exportando su producción en sus
propios buques a su casa matriz.
Colombia,
dada su modesta producción y exportación de crudo se mueve en el mercado
petrolero como un corcho en remolino, es un simple tomador de precios y está a
merced de la volatilidad de estos. Actualmente la tendencia de los precios es a
la baja, cotizándose por debajo de los US $60 el barril del BRENT, dado que hay
un exceso de oferta en el mercado, debido al relajamiento por parte de la OPEP
de su estrategia de intervención en el mismo para contenerla y al impulso de la
industria petrolera de los EE.UU con la llegada nuevamente de Trump a la Casa
Blanca.
Tal
tendencia podría acentuarse de llegar a estabilizarse y fortalecerse la
industria del petróleo en Venezuela, con el apoyo e impulso augurado por el
Presidente Trump, con el agravante para Colombia que le toca compartir y
competir con Venezuela el mismo nicho de los crudos pesados y extrapesados,
viéndose afectado por partida doble, por las menores exportaciones y los más
bajos precios.


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