Alrededor de 120 pescadores artesanales de
los barrios Ceballos, Albornoz y Zapatero fortalecen cada año su actividad
productiva gracias a procesos de acompañamiento, formación y diálogo
interinstitucional, en el marco del Plan
de Fortalecimiento Socioeconómico que se formula y
actualiza de manera participativa.
La iniciativa cuenta con el respaldo de
la Fundación Puerto de Cartagena, que
en su aniversario número 20 ha reafirmado su compromiso con el bienestar de las
comunidades ubicadas en el área de influencia de las terminales del Grupo Puerto de Cartagena,
como son la sociedad Portuaria y Contecar.
Uno de los avances más significativos ha
sido la creación de una mesa técnica con participación de la UMATA y la
Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP), un espacio que permite
evaluar la viabilidad de las propuestas formuladas por los pescadores y
articular apoyos del sector público y privado.
Este ejercicio ha fortalecido la gestión
colectiva y ha permitido que la actividad pesquera se desarrolle en
cumplimiento de la normativa ambiental vigente, destinando la producción al
autoconsumo o a la comercialización a través de distribuidores locales, como el
Mercado de Bazurto.
El acompañamiento no se limita a la
actividad productiva. Desde un enfoque social e integral, el proceso también
involucra a las familias de los pescadores de Albornoz y Zapatero, así como a
la Asociación de Pescadores de Ceballos, promoviendo la vinculación de niños,
niñas, adolescentes y jóvenes a programas educativos y comunitarios.
Actualmente, cerca del 65 % de los
pescadores cuenta con al menos un integrante de su familia participando en
estas iniciativas, según datos conocidos FRENTE A FRENTE.
Hoy, el proceso integra a 15 pescadores
de la Asociación de Pescadores de Ceballos, 45 residentes en Albornoz y 60 en
Zapatero.
El fortalecimiento organizativo ha sido
clave, especialmente para grupos que no contaban con una estructura formal y
que, con el acompañamiento de la Fundación, lograron su registro ante la Cámara
de Comercio de Cartagena. Esto ha ampliado sus capacidades de gestión, su
relacionamiento institucional y sus posibilidades de acceder a convocatorias y
programas de apoyo para comunidades pesqueras.
Luego de dos décadas de trabajo
sostenido, el mayor logro es el capital social instalado: organizaciones más
sólidas, liderazgos fortalecidos y una relación más fluida con las entidades
que pueden aportar al desarrollo comunitario. Aunque persisten retos como el relevo
generacional, la base construida permite enfrentar el futuro con más
herramientas, articulación y visión, asegurando que la pesca artesanal siga
siendo un oficio digno, sostenible, y con oportunidades para las nuevas
generaciones.








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