Emily Ahumada no sueña con una oficina
lujosa ni con los símbolos típicos del éxito. Sueña, más bien, con volver a su
origen y trabajar por quienes más lo necesitan. Nació y vive en el sector Nuevo
Oriente de Ceballos y hoy estudia Promoción
Social en la Universidad Mayor
de Cartagena (Unimayor). Su meta es clara: acompañar comunidades
vulnerables de Cartagena cuando culmine su carrera profesional.
Su camino con la Fundación Puerto de Cartagena empezó
desde muy temprano. Pasó por programas como Ecoguardianes, donde niños y jóvenes se forman como líderes
ambientales y fortalecen la conciencia ecológica desde acciones prácticas. Sin
embargo, fue en Juventud Líder
donde Emily sintió el giro más profundo en su vida. “Antes de iniciar mi
proceso era demasiado tímida… me daba miedo expresarme en público. Siento que
mi ingreso a la Fundación marcó un antes y un después, especialmente cuando
entré a Juventud Líder. Me abrió la mente y me hizo sentir capaz de alcanzar lo
que he logrado y lo que aún quiero alcanzar”, cuenta. Hoy, desde otra
perspectiva, ya realiza pequeños talleres con la Junta de Acción Comunal de su
barrio y se ha acercado a la realidad comunitaria con una mirada más consciente
y propositiva.
El programa Juventud Líder fortalece el liderazgo social y las competencias
integrales de jóvenes —en ámbitos físicos, cognitivos, sociales y emocionales—
a través de formación académica y habilidades socioemocionales. Su propósito es
aportar a la calidad de vida y al empoderamiento de los participantes para que
se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades.
Emily también hace parte de Becas Vive Bien, una estrategia de
acompañamiento que complementa el acceso y permanencia en la educación
superior. “De Ecoguardianes a Juventud Líder y
Becas Vive Bien, he vivido una experiencia muy gratificante. Estoy cumpliendo
mi sueño y me mantengo, a pesar de dificultades económicas y emocionales”,
afirma. Para ella, el impacto no se limita a estar en la universidad: “Lo gratificante también es darme cuenta de que esas capacitaciones
y esos acercamientos, que a veces parecían pequeños, hoy me están ayudando a
crecer como persona y como estudiante”.
Con la mirada puesta en el futuro, Emily
sueña con convertirse en trabajadora social y trabajar con adolescentes y
jóvenes en riesgo, especialmente en zonas periféricas y en su propio barrio.
Cree que muchas conductas problemáticas no nacen solo de “malas decisiones”,
sino de la falta de acompañamiento y oportunidades: “A veces no tienen cerca un
facilitador o una entidad que les muestre la cantidad de posibilidades de
cambio que existen”.
Ese proceso, además, ya se refleja en
su vida familiar. Emily reconoce que las herramientas adquiridas en la
Fundación y en su formación profesional han transformado su manera de afrontar
dificultades: con más calma, más criterio y más esperanza. Para ella, la
Fundación ha sido eso para muchos jóvenes: una guía cercana, una puerta
abierta, una forma concreta de recordarles que sí es posible construir una vida
distinta.







No hay comentarios:
Publicar un comentario