Como
dice el adagio popular “Tanto va el cántaro al pozo hasta que se rompe”; y esa
parece que es la situación del Concejo Distrital, donde los sectores de gran
afecto a la Casa Blel, todos los conservadores, ASI, y hasta algunos Cambio
Radical, botaron el chupo, al notar la manera como el “emperadorcito” de
la PLAZA DE LA ADUANA, apoyaría 3 candidatos cancamanes a la Cámara de
Representantes por el Partido Liberal, lo cual debilitaría a los restantes
partidos.
En
el concejo se inició una batalla contra el Palacio de la Aduana, ya que cuatro
de los precandidatos liberales a la Cámara, dos son del propio emperadorcito
como Tony Guerra, y Dairo Bustillo, mientras que Lidio García llevaría a
Silvio Carrasquilla y Yolanda Wong; pero lo preocupante que genera expectativa,
es donde están los votos de esos cuatro candidatos, porque están tratando de
recuperar 70 mil votos que se le salieron a Silvio de las elecciones pasadas
por parte de los Ali y Jocho Ardila.
Es
claro que el emperadorcito ha dicho entre sus amigos íntimos, que
a él solo le interesa poner el nuevo alcalde, mientras que su “primis”
tiene solo piensa en colocar al próximo gobernador. Al final de todo el cuento,
todos miran desde la sombra, quien quedará al final con la carga del burro.
POR LA CASA MONTES
La
Casa Montes se anticipó y tocó las puertas correctas y logrando asegurar el aval
azul para William Montes Curi, antes de que el resto del partido siquiera
calentara el agua del café. Aunque el verdadero ruido no fue el aval, sino la
estrategia que, según cuentan, viene caminando en puntas de pie, con Una jugada
fina, casi quirúrgica, convenciendo a Fernando Niño de aspirar, mover fichas,
reordenar sillas y redibujar los espacios de poder dentro del partido.
¿Y
DE ALONSO EL RIO QUE?
Se
ha sabido que contra Alonso del Rio no hay nada personal, No es un ataque, no
es una caída, no es un castigo; es una disputa interna por control, como las
que siempre han marcado la historia azul, una tensión entre corrientes,
familias políticas y tiempos distintos.
Y como si Bolívar necesitara más picante, vuelve
a circular —sin nombres propios, sin detalles completos— el cuento del famoso
“incidente” en aquella fiesta del cumpleaños de Lucho Cassiani, porque mientras
cantaba Ana del Castillo, se desataba una trifulca verbal y hasta de amenazas
como todo un choque político entre los Del Rio (padre e hijo) contra los Montes
(padre e hijo).







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