lunes, 10 de noviembre de 2025

Opinión - EL FESTÍN DE LOS CORRUPTOS EN BOLIVAR

 


Por RAÚL BUSTAMANTE DE LA VEGA

 

En Colombia, la corrupción dejó de ser una sombra para convertirse en un monstruo que se sienta a la mesa de nuestros niños. La Contraloría General ha revelado que el Programa de Alimentación Escolar (PAE), diseñado para garantizar el derecho básico a la nutrición de millones de estudiantes, ha sido saqueado por operadores, funcionarios y contratistas sin escrúpulos.

 

Hay cifras que duelen en el alma y desgarran la piel, más de 813 hallazgos fiscales entre 2020 y 2025, $8.000 millones en daño patrimonial por sobrecostos y pagos sin soporte. Un déficit de $1,3 billones amenazan con dejar sin comida a 1,6 millones de estudiantes en 2026.

 

En la Costa Caribe, el gasto por estudiante llega a ser 8 veces el promedio nacional, siendo la Gobernación de Bolívar en cabeza del Yamilito, el epicentro del desangre en el departamento de Bolívar, la contratación del PAE está en manos de la Gobernación, a través de su Secretaría de Educación. Allí, múltiples operadores se reparten el botín: Fundaciones con nombres rimbombantes, pero sin experiencia real, contratos fragmentados que dificultan el control, Supervisiones débiles y alimentos servidos en servilletas, sin condiciones mínimas de salubridad.

 

Cada peso robado del PAE es un plato vacío. Es un niño que va a clase con hambre. Es una traición al pacto ético de la nación. Mientras algunos se enriquecen, millones de estudiantes enfrentan jornadas escolares sin energía, sin concentración, sin dignidad.

 

Que sea este articulo motivo para que los fiscales delegados anticorrupción  ante la corte suprema de justicia y  más las declaraciones públicas  del señor contralor general de la república sean  motivo suficiente para que se investiguen y sancionen penalmente a los funcionarios, desde las aulas, desde los barrios, en las redes hay que organizar veedurías ciudadanas atentas a este caso por los niños pobres del Departamento de Bolívar, porque el control no puede ser solo institucional, pues, los jefes de los títeres se mueven en los órganos de control y el límite son los ciudadanos.

 

No podemos seguir normalizando el robo del pan de los niños. No podemos permitir que el Estado se convierta en cómplice por omisión. Es hora de transformar la indignación en acción. Porque cada ración robada es una herida abierta en el alma de Colombia.

¡Que se escuche en cada rincón del país: ¡el hambre no se negocia, se combate!










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