Por AMYLKAR ACOSTA MEDINA -www.amylkaracosta.net
Según el DNP, el
sector Minero-energético ha decrecido. En efecto, en 2024, según cifras del
DANE, el sector de minas y canteras cayó
-5.2%, lastrando el magro crecimiento del PIB de 0.7% y esa tendencia se
mantiene en el 2025, arrancando con un repliegue de -5%, restándole 0.3 puntos
porcentuales al crecimiento total del PIB, que fue de 2.7%. La extracción de carbón cayó -13% en 2024 y
-7% en el primer trimestre de 2025, la producción de crudo cayó en 2024 el
-0.6% y siguió a la baja este año, pues al cierre del mes de mayo experimentó
una disminución del -4.8%.
Ello se explica,
especialmente, por el declive reciente de los volúmenes y del valor de sus
exportaciones. Veamos: las exportaciones de carbón, de petróleo y sus derivados
bajaron de US $29.349 millones en el curso del año que concluyó en agosto de
2022 a US $20.507 millones en el año terminado en abril de este año. El
desplome de dichas exportaciones es significativo, cifrado en US $8.841
millones, más del -30%, haciendo la salvedad que en el caso del carbón aunque
aumentaron las exportaciones el 7.7%, el precio bajó el 28%.
Por su parte las
llamadas exportaciones no tradicionales, antes exportaciones menores,
experimentaron un importante crecimiento, pasando de US $25.657 millones en
agosto de 2022 a US $29.357 millones anuales para el mes de abril de 2025, para
un crecimiento de $3.700 millones, el 14%, para esos casi 3 años, lo cual
representa un importante repunte de las mismas.
La concomitancia de
la caída del crecimiento y de las exportaciones de carbón y petróleo y el mayor
crecimiento, además del auge exportador de otros sectores, como el agrícola, la
industria y el turismo, llevó al Presidente Gustavo Petro a expresar que
“estamos ante un cambio del modelo de desarrollo exitoso, que la sociedad debe
sostener para los siguientes años y no volver atrás, hacia las rentas fósiles y
cocaineras” y añadió: “verificamos que entre más cae el extractivismo fósil,
más crece la actividad productiva en agricultura con un enorme 7.1% e industria
no ligada al petróleo y con un portentoso 7% de crecimiento en textiles y
confecciones”.
El pírrico triunfo
del Presidente Petro no pasa de ser un falso positivo y paso a explicar por qué. En primer lugar, no existe ninguna
correlación entre la caída del sector M-E, que obedece a la caída de los
precios del petróleo y el carbón, así como a la caída de la producción, que el
mundo sigue consumiendo cada vez más y el repunte del sector agrícola, el cual
responde fundamentalmente a la bonanza cafetera, gracias a los altos precios,
que superan los US $3 la libra.
Es más, no obstante
el crecimiento de las demás exportaciones, distintas al carbón y al petróleo,
que no hay que negar es un hecho positivo, el mismo no alcanza a contrarrestar
y menos a compensar el bajonazo en las exportaciones de los mismos. En efecto,
por cada dólar adicional que se recibe por las mayores exportaciones de
productos agrícolas e industriales se están dejando de recibir por concepto de
las menores exportaciones de carbón y de petróleo 2.4 dólares. Para modo de
compensar la entrada de divisas que se dejan de recibir por las exportaciones
de carbón y petróleo se necesitarían aumentar las provenientes del resto de
exportaciones registradas en un 138%. Y ello, no para aumentar el valor de
las exportaciones sino para mantener el valor de las mismas.
Ello explica que, a
pesar del buen comportamiento de las exportaciones no tradicionales en los
últimos dos años, las exportaciones totales han venido cayendo, -0.4% en 2024 y
en mayo de este año registraron una caída del 2.1% en comparación con el mismo
mes del año anterior y el déficit en la cuenta corriente de la Balanza
de pagos se mantiene. En efecto, el valor de las exportaciones totales arroja
como resultado US $5.141 millones anual menos que hace tres años, toda vez que
la estrepitosa caída de las exportaciones de carbón y petróleo, debido a la
pérdida de competitividad en el primer caso y a la baja inducida de la
producción en el segundo, duplican el crecimiento de las otras exportaciones.
La cuenta que debería
hacer el Gobierno debería ser otra, bien diferente. En primer lugar, si en
lugar de decrecer la producción de petróleo y carbón crecieran, los mismos en
lugar de estar frenando el crecimiento del PIB estarían contribuyendo a un
mayor crecimiento de la economía, porque no nos podemos resignar a que el
crecimiento del PIB no llegue siquiera al 3%. De la misma manera, si no
estuvieran cayendo las exportaciones de carbón y petróleo, como vienen cayendo,
ello posibilitaría la reducción del déficit de la balanza comercial, que para
el mes de mayo de este año alcanzó los US $6.160 millones y por qué no pensar
en que esta, por fin, llegue a ser superavitaria. Pero la miopía y la carga
ideológica del Gobierno lo lleva a que los árboles le impidan ver el bosque.
Tamaña equivocación!
Desde luego que se
requiere el cambio del actual modelo económico imperante en Colombia, porque no
puede reputarse como exitoso un modelo en el que el crecimiento del PIB esté
atado y a merced del comportamiento de los mercados y de la volatilidad de los
precios internacionales de los commodities. Recordemos que durante el más largo
ciclo de precios altos de los mismos, entre los años 2003 – 2014, el
crecimiento potencial de la economía fue de 4.8%, para luego de la destorcida
de los precios, hacia el año 2016, se redujo a sólo 3.5%. Con el agravante de
que el crecimiento del PIB en la última década ha estado por debajo de este.
Como lo planteó la
CEPAL, “así nos será muy difícil dar sostenibilidad a nuestro crecimiento…hay
que procurar que las exportaciones vayan más allá de las materias primas”.
Por ello, hemos compartido lo planteado en el Plan de desarrollo, de darle
impulso a la agricultura, al turismo y a la reindustrialización, entre otras
cosas porque la Transición energética sólo es viable y sostenible si va
acompasada de una estrategia de Transformación productiva. Sólo que el
fundamentalismo y el dogmatismo en su implementación, la está condenando al
fracaso.








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