AUTOR: ANÓNIMO
No hables de lo que no has visto, ni condenes
lo que tu no has sentido, porque de la calumnia algo queda
Colombia es una democracia
chismosa.
No hay presidente de este platanal con capital
en la muy chismosa Bogotá al que no le hayan inventado un chisme personal,
carnal y hasta truculento.
Lo que pasa es que en ninguno el chisme lo
habían convertido en noticia o haya servido para cuestionar la capacidad de
trabajo o decisión del "cliente" del chisme.
Por ejemplo, toda la godarria decía que el
primer presidente liberal del siglo XX, Enrique Olaya Herrera, era cacorro.
Los mismos godos decían que Alfonso López
Pumarejo se pasaba la vida persiguiendo muchachas de buena familia.
Del liberal Eduardo Santos Montejo (tío abuelo
del jugador de póker Juan Manuel y de Fachito el bobo) (y seguimos con los
godos chismosos) decían que también perseguía, pero pelaos. El filosófo
Fernando Gonzalez lo llamaba "come hombres" (lean la revista Antoquia
a ver si miento). Doña Lorencita, su mujer, tampoco se salvaba de las
habladurías de la godarria.
Un fotógrafo de la revista Cromos intentó
documentar el "vicio" de Guillermo León Valencia, el presidente godo,
abuelo de Paloma: el cucho salía, sin falta los viernes, del Palacio de San
Carlos (antigua sede presidencial y hoy de la Cancillería) a las
"whiskerías" caras de Bogotá a comer "guaricha". Para mis
lectores paisas, "whiskería" era el eufemismo para prostíbulo que
usaban las gentes de bien de Bogotá y "guarichas" el nombre
despectivo que usaban para sus trabajadoras.
De Pastrana el viejo se decía que tenía un par
de hijos "más malos que la comida de la cárcel" y la leyenda urbana
decía que uno de ellos tenía por afición violar muchachas. En una de esas, la
víctima fue la hija de un reconocido médico cirujano capitalino. El tipo, dice
la leyenda, se vengó de la violación en dos de los hijos de Misael: a uno lo
castró y a otro lo dejó con un solo testículo.
Los chismes contra Turbay son casi parte de
nuestra memoria histórica: se casó con Nidia, hija de su hermana. Primer
pecado.
El tipo era un astuto (que es la inteligencia
del mediocre) y llegó a la presidencia donde sí que armó cuentos con testigos.
La borrachera en Cúcuta donde le "soltó los perros" a una señora de
vestido negro que resultó ser el obispo, o la versión -creíble pero no
confirmada- de que "hizo" "primera dama de la nación por
una noche" a un marica paisa, famoso por sus escándalos, la Macuá".
La influencia de Turbay era tan notoria que
logró que su matrimonio con la sobrina fuera anulado ¡en el Vaticano de Juan
Pablo II! y el pudo casarse de nuevo con una señora entrada en años y en
millones, doña Amparo Canal.
Todo el "país periodístico" sabía que
el presidente Virgilio Barco estuvo casi imposibilitado para gobernar su
cuatrenio y al final casi ni podía hablar y en su lugar gobernaba el
"sanedrín", un grupo de empresarios muy ricos que estaban por encima
de todo poder y toda vigilancia.
¿El problema? El viejo ingeniero estaba tan
enfermo que fue una gracia que le entregara el país al siguiente cacorro al
mando.
"Cesitar" Gaviria tuvo la peor y más
grande fama de acosador de pelaos en la historia de este platanal. Y ni una
línea dijeron medios, muchos de cuyos periodistas fueron acosados o cayeron
bajo el embrujo del poder de la Casa de Nariño aquel periodo.
¡Cómo sería que el chiste bogotano de aquellos
años era que Gaviria no tenía "gabinete ministerial" sino tocador!,
en referencia al mueble que usaban las mujeres para sus labores de maquillaje.
Pero ni una línea al respecto en los medios.
Un pillo de Escobar, encargado de la vigilancia
de Pastrana el inútil en su "secuestro", sostenía públicamente que al
líder de la "nueva fuerza democrática" había que llevarle pelaos para
bajarle el estrés. El "monogüeva", decían, era bastante exigente en
su cautiverio. Mutismo en la prensa.
Debe ser la envidia que le tenían entonces, que
es igual de grande a la reverencia que le tienen hoy, pero los competidores
paisas de Uribe no perdían oportunidad en hablar de las constantes aventuras en
camas ajenas del re-fundador de la patria.
Y bueno, de Duque, entre las travesuras de la
mamá, los antojos de la mujer y los cariños de la moza, ya muchos de ustedes
saben más que yo.
Pero a nadie le hicieron escándalo. Ahora, un
chisme de la peor estofa sí se convierte en un asunto de interés y seguridad
nacional.






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