Por AMYLKAR ACOSTA MEDINA- www.amylkaracosta.net- Miembro de Número de la ACCE
Cómo se recordará, en octubre de 2022 el
Gobierno tomó la decisión de eliminar el subsidio de los combustibles,
empezando por la gasolina, elevando gradualmente sus precios hasta equipararlos
con los precios internacionales. Esta decisión, liderada por el entonces
Ministro de Hacienda José Antonio Ocampo, fue sensata y valiente, dado el
enorme déficit acumulado que venía arrastrando el Fondo de estabilización de
los precios de los combustibles. En efecto, se decretaron reajustes
graduales mes a mes, lo cual permitió reducir el déficit del FEPC de $36.6
billones al corte de diciembre de 2022 a $19 billones en 2023.
A mediados de 2023 se niveló el precio de
referencia de la gasolina en las estaciones de servicio con el precio
internacional, pero cuando este empezó a bajar se mantuvo, hasta situarse
$4.000 por encima, alrededor de los $16.400 el galón, generando unos
“excedentes” de $800 mil millones mensuales, contrarrestando los $320 mil
millones mensuales que costaba el subsidio del diésel, cuyo precio se reajustó
pero muy tímidamente, hasta congelarse en
los $11.000 el galón aproximadamente, situándose $2.000 por debajo del precio
internacional, debido al freno que significó un acuerdo al que llegó el
gobierno con el gremio de los transportadores de carga.
Después de una larga pausa, el gobierno
determinó bajar el precio de la gasolina en $500 el galón en febrero y marzo de
este año, pero aún quedaba $3.000 por encima de los precios
internacionales. Pero no estaba en las cuentas de nadie la espiral alcista
de los precios internacionales del crudo y sus derivados a consecuencia del conflicto
bélico en el Medio Oriente y su recrudecimiento.
En el último mes el aumento del precio de
gasolina ha sido del 34% y el del diésel ha sido mucho mayor, razón por la cual
el precio de la gasolina en Colombia ya está $750 el galón por debajo del
precio internacional y el subsidio al diésel pasó de $2.000 el galón a
$8.300. Los precios del diésel están subiendo incluso más rápido que los
de la gasolina.
Desde que comenzaron los enfrentamientos
con Irán, hace una semana, los precios de la gasolina han subido 47 centavos de
dólar, o 16 %, hasta US$ 3,45 por un galón de gasolina regular, según el
informe del domingo de la American Automobile Association (AAA), una fuente líder y confiable en EE.UU para el
monitoreo de los precios minoristas de gasolina y el impacto del petróleo. Pero eso no es nada comparado con el aumento de 84 centavos, o
22 %, en los precios del diésel, llevando un galón de ese combustible crítico a
US$ 4,60. Y no hay que perder de vista que Colombia importa el 40% de la
gasolina que se consume en el país y el 15%, aproximadamente, del diésel.
La razón por la que el diésel sube mucho
más rápido que la gasolina es que ya había una menor oferta antes de este shock en
el precio de la energía, dijo Tom Kloza, un analista independiente de petróleo
y asesor de la compañía petrolera global Gulf Oil. Él predice que el diésel
podría llegar a US$ 5 por galón este mes. El invierno gélido creó una gran
demanda de combustible para calefacción en el noreste de EE.UU., donde sigue
siendo una fuente común de calefacción residencial. El combustible para
calefacción doméstica y el diésel son esencialmente productos idénticos. Eso
significa mayores costos de combustible para calefacción. Pero el verdadero
riesgo para los consumidores son los mayores costos para transportar los
productos que compran todos los días.
El temor del Presidente Donald Trump no es
sólo en el frente militar sino en el económico y electoral, toda vez que el
aumento del precio de los combustibles, que es tan sensible para el ciudadano
americano, para quienes el mismo es un
indicador clave del costo de vida, puede atizar la inflación y ésta a su vez
puede erosionar el apoyo político al partido republicano justo antes de las
elecciones legislativas de noviembre. Por ello ha hecho esfuerzos desesperados
tendientes a garantizar el paso por el estrecho y/o aumentar la oferta mundial
de crudo, recurriendo para ella a la flexibilización de las sanciones a Rusia e
incluso apelando a la Agencia Internacional de Energía (AIE) para la liberación
de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, “la mayor en la
historia de nuestra agencia” en procura de “mitigar los impactos inmediatos de
la perturbación en los mercados”, según su Director ejecutivo Fatih Birol.
Pero todo ello ha sido inútil, mientras
tanto Ebrahim Zolfagari, portavoz del mando militar iraní, le lanzó una dura
advertencia a Occidente, el mercado
podría enfrentar un fuerte shock. “Prepárense para que el petróleo alcance los
US $200 el barril, porque el precio del petróleo depende de la seguridad
regional, que ustedes han desestabilizado”, espetó.
Cabe precisar que el FEPC cerró en 2025 con
un hueco de $3 billones, según datos de Ecopetrol. Si bien la reducción fue de
unos $4,6 billones frente al déficit de 2024, el desfase todavía es
considerable y ahora podría escalar aún más. De hecho, según Julio César Vera,
presidente de Fundación Xua Energy y gerente de Valjer Energy, se proyecta que
con un barril de petróleo en alrededor de US$100 el hueco en el FEPC suba $1,2
billones mensuales. En estas circunstancias, se torna insostenible para el
Ejecutivo seguir reduciendo el precio de la gasolina y así lo acaba de
reconocer el Ministro de Minas y Energía Edwin Palma al advertir con gran dosis
de sindéresis que, debido al actual entorno el Gobierno evaluará si se
mantiene, suspende o incluso revierte las rebajas recientes del precio de la
gasolina en Colombia.
Cabe advertir que con el alza del gas, del
petróleo y sus derivados se atiza la inflación, toda vez que ella incide en los
costos del transporte, presiona al alza la tabla de fletes y dado que son
materia prima esencial para muchos procesos y cadenas de valor tiene un efecto
amplificado, que compromete a sectores tan importantes como la agricultura, por
el alza de fertilizantes y abonos, entre otros, el turismo por el aumento de
las tarifas de transporte aéreo, marítimo y terrestre, así como la industria que
verá incrementado sus costos de producción y su competitividad.
Estamos, entonces, en presencia de una
verdadera hecatombe, pues se está reeditando lo acaecido en 2022 a raíz de la
invasión de Rusia a Ucrania, que dio lugar a una inflación galopante a nivel
global, concomitantemente con el freno y ralentización del crecimiento de la
economía, con todos sus efectos colaterales en empleo, ingresos y desarrollo.






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