El informe ‘Mujeres Rurales en Colombia: avances, desafíos y
transformaciones en la garantía de derechos’ da cuenta de que las mujeres
rurales enfrentan mayores niveles de pobreza, diferentes formas de violencias y
acceso limitado a la tierra.
La institucionalidad debe trabajar en políticas públicas y
planes que contribuyan a mejorar sus condiciones de vida.
La
Defensoría del Pueblo participó en la séptima sesión de la Comisión de la Mujer
Rural, Campesina y de la Pesca, espacio en el que fue presentado el informe Mujeres
Rurales en Colombia: avances, desafíos y transformaciones en la garantía de
derechos, que recoge las voces de mujeres a partir de encuentros realizados
en distintos territorios del país.
El
documento, resultado del trabajo articulado entre la Procuraduría General de la
Nación, la Contraloría General de la República y la Defensoría del Pueblo,
revela que las mujeres campesinas, rurales y de la pesca enfrentan persistentes
desigualdades económicas y laborales, así como en el acceso a la tierra y al
crédito agropecuario. Además, continúan sufriendo violencias basadas en género
(VBG).
“Las
mujeres rurales, campesinas y de la pesca, por disposición de la Constitución Política,
son sujetas de especial protección constitucional. Hoy las diferentes
vulnerabilidades que enfrentan no se pueden discutir; requieren ser escuchadas,
sus necesidades atendidas y las soluciones, implementadas de buena fe por parte
de las entidades del Estado colombiano. Con este propósito es que estamos hoy
acá en María La Baja”, aseguró la Defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz.
Propiedad
rural
En
Colombia el 63,7 % de los predios rurales que tienen un único dueño están a
nombre de un hombre y apenas el 36,3 %, a nombre de una mujer. Para 2019, el
72,1 % de la propiedad rural que sí está en manos de mujeres correspondía a
minifundios, es decir, a predios de menos de tres hectáreas.
En Bolívar la situación es todavía más preocupante, ya que el
departamento está entre los que registran menor participación de mujeres en la
titularidad de la tierra, con apenas el 24 %, muy por debajo del promedio
nacional.
“Este
no es un informe más: habla de la vida cotidiana de 5.021.000 mujeres que en
Colombia se reconocen como campesinas, casi el 48 por ciento de toda la
población campesina del país, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida
para Población Campesina del DANE de 2025”, agregó la Defensora Iris Marín
Ortiz.
Desigualdad
económica y laboral
Sobre
la autonomía económica y el trabajo, el 25,31 % de los hogares campesinos sin
cónyuge tiene a una mujer como cabeza de familia. Sin embargo, solo el 24,6 %
de las mujeres campesinas se encuentra laborando de manera remunerada, mientras
el 64,7 % dedica su tiempo a oficios del hogar.
Las cifras del uso del tiempo lo confirman con claridad: el 93,4
% de las mujeres en zonas rurales dedica su día al trabajo no remunerado,
frente al 60,8 % de los hombres; ellas destinan, en promedio, 8 horas y 53
minutos diarios a estas labores, mientras que ellos apenas superan las 3 horas.
Eso significa que sostienen el campo colombiano con un trabajo que, muchas
veces, ni siquiera se cuenta ni se paga.











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