Por JORGE LEQUERICA ARAUJO
De una
cobertura del 74,4 % y un servicio de apenas 14 horas diarias en 1995, a una
cobertura cercana al 99,5 % y agua las 24 horas del día hoy: los indicadores
objetivos respaldan tres décadas del modelo de empresa mixta frente a quienes
proponen desmontarlo.
Cuando Aguas
de Cartagena S.A. E.S.P. (Acuacar) inició operaciones el 25 de junio de 1995,
la ciudad recibía agua potable apenas 14 horas al día, con una cobertura de
acueducto del 74,4 % y de alcantarillado del 60,8 %. Treinta años después, la
cobertura de acueducto alcanza cerca del 99,5 %, el servicio es prácticamente
continuo las 24 horas, y la cobertura de alcantarillado supera el 91 %. El número
de usuarios de acueducto pasó de 92.572 a más de 351.000, y la red se extendió
de 700 a 1.753 kilómetros.
Estos no son
datos de mercadeo institucional: son los mismos indicadores —cobertura,
continuidad, número de usuarios, infraestructura— que cualquier ciudadano puede
usar para comparar el antes y el después. Y la comparación es contundente.
“La pregunta relevante
no es si el modelo generó controversia en 1995. La pregunta verdaderamente
importante es si permitió mejorar la cobertura, la continuidad y el saneamiento
ambiental de una manera que difícilmente se habría alcanzado con el esquema
anterior”, sostiene el análisis histórico y jurídico que respalda esta
transformación.
UN MODELO QUE
NO REEMPLAZÓ AL ESTADO, LO FORTALECIÓ
Acuacar no
nació de una privatización. Es una empresa de servicios públicos domiciliarios
mixta, la figura que la Constitución de 1991 y la Ley 142 de 1994 crearon
precisamente para combinar la responsabilidad pública con la capacidad técnica
y financiera del sector privado. El Distrito de Cartagena mantiene el 50 % del
capital y su condición de socio institucional; el E
Esa combinación
permitió movilizar recursos que la antigua administración pública, por sí sola,
no habría podido sostener: entre 1995 y 2025 se invirtieron $1,59 billones de
pesos en el sistema, de los cuales Acuacar aportó $600.834 millones —el 37,78
%— de sus propios recursos, además de los $989.360 millones aportados por el
Estado.
LA BAHÍA DE
CARTAGENA: DE VERTEDERO A SÍMBOLO DE RECUPERACIÓN
Durante buena parte del siglo XX,
Cartagena descargó sus aguas residuales directamente sobre la Bahía y la
Ciénaga de la Virgen. Revertir ese daño acumulado exigió una de las mayores
obras de ingeniería sanitaria del Caribe colombiano: el Emisario Submarino, el
estado nunca abandonó la regulación, el control ni la vigilancia del servicio.
financiado
inicialmente con un préstamo del BID de USD 24,3 millones (1998) para el
saneamiento de la vertiente Bahia; y el posterior saneamiento de la vertiente
Cienega de la Virgen y el vertido del 100% de las aguas residuales de la ciudad
al mar caribe, mediante un emisario submarino, todo con un crédito del Banco
Mundial de USD 85 millones dentro este proyecto de USD 117,2 millones (1999).
Cuando la
firma internacional inicialmente contratada para construir el emisario fracasó
tras 16 meses de obras, fue Acuacar —con el respaldo corporativo de Suez-Agbar—
quien retomó el proyecto y lo puso en operación en apenas 9 meses. La obra
entró en servicio en octubre de 2012. En cuestión de dos años de operación, la
Bahía y la Ciénaga de la Virgen ya mostraban signos de recuperación, con el
consecuente beneficio para la salud pública y para la recreación de la
comunidad.
“El éxito en
la culminación del Emisario Submarino, tras el fracaso del contratista
original, valida la importancia de contar con un socio operador poderoso. Ese
éxito salvó la continuidad de la empresa.”
— Del análisis
histórico sobre el Proyecto de Saneamiento Ambiental de Cartagena
UNA COMPARACIÓN QUE LA HISTORIA
RESPALDA
Ningún
análisis serio debería ignorar el punto de partida de 1995: una infraestructura
diseñada para una ciudad mucho más pequeña, con racionamientos frecuentes, mala
calidad del agua, deterioro de redes y una Bahía cada vez más contaminada,
heredada de las antiguas Empresas Públicas Distritales tras décadas de
restricciones fiscales, politización administrativa y baja capacidad de
inversión que afectaron a numerosas ciudades colombianas en ese período.
Frente a ese
punto de partida, treinta años de gestión mixta —con gobierno corporativo
profesionalizado, planeación a treinta años en lugar de a cuatro, y continuidad
institucional sostenida a través de múltiples administraciones— multiplicaron
la cobertura, llevaron el servicio a prácticamente 24 horas continuas, y
ejecutaron la mayor obra de saneamiento ambiental en la historia de la ciudad.
Cartagena no está sola en este
debate. La experiencia demuestra que ningún modelo institucional garantiza por
sí solo buenos resultados: lo que distingue a Acuacar es la evidencia acumulada
durante tres décadas, sujeta a evaluación permanente, y no a promesas de un
modelo alternativo aún por demostrar en esta ciudad.



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