martes, 4 de agosto de 2026

Opinión- ACUACAR: EVIDENCIA DETRÁS DE TRES DÉCADAS DE TRANSFORMACIÓN

 


Por JORGE LEQUERICA ARAUJO

 

De una cobertura del 74,4 % y un servicio de apenas 14 horas diarias en 1995, a una cobertura cercana al 99,5 % y agua las 24 horas del día hoy: los indicadores objetivos respaldan tres décadas del modelo de empresa mixta frente a quienes proponen desmontarlo.

 

Cuando Aguas de Cartagena S.A. E.S.P. (Acuacar) inició operaciones el 25 de junio de 1995, la ciudad recibía agua potable apenas 14 horas al día, con una cobertura de acueducto del 74,4 % y de alcantarillado del 60,8 %. Treinta años después, la cobertura de acueducto alcanza cerca del 99,5 %, el servicio es prácticamente continuo las 24 horas, y la cobertura de alcantarillado supera el 91 %. El número de usuarios de acueducto pasó de 92.572 a más de 351.000, y la red se extendió de 700 a 1.753 kilómetros.

 

Estos no son datos de mercadeo institucional: son los mismos indicadores —cobertura, continuidad, número de usuarios, infraestructura— que cualquier ciudadano puede usar para comparar el antes y el después. Y la comparación es contundente.

 

“La pregunta relevante no es si el modelo generó controversia en 1995. La pregunta verdaderamente importante es si permitió mejorar la cobertura, la continuidad y el saneamiento ambiental de una manera que difícilmente se habría alcanzado con el esquema anterior”, sostiene el análisis histórico y jurídico que respalda esta transformación.

 

UN MODELO QUE NO REEMPLAZÓ AL ESTADO, LO FORTALECIÓ

Acuacar no nació de una privatización. Es una empresa de servicios públicos domiciliarios mixta, la figura que la Constitución de 1991 y la Ley 142 de 1994 crearon precisamente para combinar la responsabilidad pública con la capacidad técnica y financiera del sector privado. El Distrito de Cartagena mantiene el 50 % del capital y su condición de socio institucional; el E

 Esa combinación permitió movilizar recursos que la antigua administración pública, por sí sola, no habría podido sostener: entre 1995 y 2025 se invirtieron $1,59 billones de pesos en el sistema, de los cuales Acuacar aportó $600.834 millones —el 37,78 %— de sus propios recursos, además de los $989.360 millones aportados por el Estado.

 

LA BAHÍA DE CARTAGENA: DE VERTEDERO A SÍMBOLO DE RECUPERACIÓN

Durante buena parte del siglo XX, Cartagena descargó sus aguas residuales directamente sobre la Bahía y la Ciénaga de la Virgen. Revertir ese daño acumulado exigió una de las mayores obras de ingeniería sanitaria del Caribe colombiano: el Emisario Submarino, el estado nunca abandonó la regulación, el control ni la vigilancia del servicio.

financiado inicialmente con un préstamo del BID de USD 24,3 millones (1998) para el saneamiento de la vertiente Bahia; y el posterior saneamiento de la vertiente Cienega de la Virgen y el vertido del 100% de las aguas residuales de la ciudad al mar caribe, mediante un emisario submarino, todo con un crédito del Banco Mundial de USD 85 millones dentro este proyecto de USD 117,2 millones (1999).

 

Cuando la firma internacional inicialmente contratada para construir el emisario fracasó tras 16 meses de obras, fue Acuacar —con el respaldo corporativo de Suez-Agbar— quien retomó el proyecto y lo puso en operación en apenas 9 meses. La obra entró en servicio en octubre de 2012. En cuestión de dos años de operación, la Bahía y la Ciénaga de la Virgen ya mostraban signos de recuperación, con el consecuente beneficio para la salud pública y para la recreación de la comunidad.

 

“El éxito en la culminación del Emisario Submarino, tras el fracaso del contratista original, valida la importancia de contar con un socio operador poderoso. Ese éxito salvó la continuidad de la empresa.”

— Del análisis histórico sobre el Proyecto de Saneamiento Ambiental de Cartagena

UNA COMPARACIÓN QUE LA HISTORIA RESPALDA

Ningún análisis serio debería ignorar el punto de partida de 1995: una infraestructura diseñada para una ciudad mucho más pequeña, con racionamientos frecuentes, mala calidad del agua, deterioro de redes y una Bahía cada vez más contaminada, heredada de las antiguas Empresas Públicas Distritales tras décadas de restricciones fiscales, politización administrativa y baja capacidad de inversión que afectaron a numerosas ciudades colombianas en ese período.

 

Frente a ese punto de partida, treinta años de gestión mixta —con gobierno corporativo profesionalizado, planeación a treinta años en lugar de a cuatro, y continuidad institucional sostenida a través de múltiples administraciones— multiplicaron la cobertura, llevaron el servicio a prácticamente 24 horas continuas, y ejecutaron la mayor obra de saneamiento ambiental en la historia de la ciudad.

 

Cartagena no está sola en este debate. La experiencia demuestra que ningún modelo institucional garantiza por sí solo buenos resultados: lo que distingue a Acuacar es la evidencia acumulada durante tres décadas, sujeta a evaluación permanente, y no a promesas de un modelo alternativo aún por demostrar en esta ciudad.

 

















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