miércoles, 29 de julio de 2026

Opinión - EL RELEVO GENERACIONAL QUE URIBE BLOQUEA

 

Por RAÚL BUSTAMANTE DE LA VEGA

 

Existe una preocupación creciente entre los ciudadanos, marcada por la desesperanza y la incertidumbre frente al comportamiento del expresidente Álvaro Uribe Vélez en relación con el presidente Abelardo De La Espriella Juris. Desde el inicio de la campaña, esa tensión ha estado presente y se ha intensificado con la elección del nuevo presidente del Senado, el doctor Honorio Enríquez, así como con las manifestaciones de inconformidad de algunos miembros del Centro Democrático, quienes han cuestionado al presidente electo.

 

El mito, como construcción central de la historia humana, ofrece un espejo de la política. En la mitología griega, Cronos devoraba a sus propios hijos por temor a ser destronado. En nuestra historia, ese papel parece encarnar Uribe. Cada vez que surgía un candidato con posibilidades de liderar autónomamente desde el Centro Democrático, era absorbido por la figura del expresidente. Rea, en el mito, logró salvar a su hijo Zeus; en la política colombiana, varios líderes protegieron a Abelardo De La Espriella, aunque hoy son perseguidos y criticados. La piedra que Cronos confundió con un hijo podría simbolizar a Paloma Valencia, quien durante años ha sido parte de esa dinámica. Más adelante, Zeus obligó a su padre a liberar a sus hermanos; en Colombia, figuras como María Fernanda Cabal y Paola Holguín sobrevivieron a esa presión y consolidaron su lugar en la política.

 

El mito es poderoso porque refleja el miedo al reemplazo y la lucha generacional por el poder. Uribe, pese a haber dejado un país más seguro al final de su mandato hace dieciséis años, no ha permitido que nuevas generaciones crezcan sin su control. Su obsesión por el poder lo acerca, paradójicamente, a las dinámicas que critica como el Petrismo. Paloma Valencia, en declaraciones recientes, incluso afirmó que su partido no es de derecha.

 

Colombia merece una derecha joven y pensante, capaz de soñar con un futuro promisorio. En esa línea, el doctor Enrique Gómez Martínez representa una alternativa para que las juventudes retomen el rumbo. De lo contrario, la derecha corre el riesgo de convertirse en un desierto político en el siglo XXI, pues las nuevas generaciones, al no encontrar espacios, buscarán otros caminos.

 

 En cuanto a las relaciones entre Álvaro Uribe Vélez y Abelardo De La Espriella, se mantienen cordiales. La elección del presidente del Senado corresponde a la bancada y no al Ejecutivo, es la democracia que queremos. Honorio Enríquez, con experiencia en el Congreso, asume el cargo con la expectativa de que su gestión fortalezca la institucionalidad.

 

El gobierno entrante, por su parte, concentra sus esfuerzos en ofrecer soluciones en seguridad, salud, educación, energía, vivienda, economía y lucha contra la corrupción. Su meta es mostrar resultados desde los primeros meses y sentar las bases de una transformación que pueda consolidarse en los próximos años.
















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