Es
tanto lo que se ha escrito ayer y hoy sobre la partida en su viaje a la
eternidad de Harrison Hernández y Nabil Báladi, que ya no encuentro palabras
buenas y bonitas para este artículo.
Y,
es que no se trata de escribir elogios y frases de cajón sobre estos dos amigos
que tomaron la delantera en la carrera de la vida hacia la eternidad. Hay una
frase sobrada que dice “ningún muerto es malo”. Pero, en este caso Harrison
Hernández y Nabil Báladi, de verdad fueron dos personas fabulosas que por su
trato y jovialidad se dieron a querer de la gente.
Se
fueron dos excelentes personas dos insuperables profesionales del periodismo y
dos amigos entrañables que se hicieron merecedores del cariño de las personas.
Con
Nabil me vi la última vez en su oficina hace un año, cuando él se preparaba
para una jornada de radioterapia y yo estaba a las puertas de una cirugía para
la extirpación de un tumor renal, mientras él me daba ánimos para lo que venía.
Con
Harrison, compartimos hace un año también, un viaje para conocer las nuevas
instalaciones de la Universidad de Cartagena en la depresión momposina y
Magangué.
A
los dos solo les puedo desear que el Gran Arquitecto del Universo los lleve de
la mano a esos parajes desconocidos.


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