Por AMYLKAR ACOSTA MEDINA -
www.amylkaracosta.net
“Necesitamos acceso total. Necesitamos acceso al
petróleo”, espetó Donald Trump al referirse a su abierta intervención en
Venezuela. El secretario de Estado, Marco Rubio, quiso matizar sus palabras:
“no necesitamos el petróleo de Venezuela”, aclaró, no obstante, advirtió
tajantemente que Washington no permitiría que su industria petrolera quedara en
manos de adversarios de Estados Unidos, como China, Rusia o Irán. Ambas
declaraciones permiten entender el alcance de la estrategia estadounidense:
asegurar influencia sobre las reservas venezolanas, su explotación y sus
destinos comerciales.
La aparente contradicción se aclara: producir
petróleo en abundancia no elimina el interés por decidir quién explota,
comercializa y obtiene beneficios de las reservas del vecino.
Cabe preguntarse por qué una potencia petrolera
como Estados Unidos tiene tanto interés en el crudo del vecino país. Una parte
de la respuesta está en las características de su industria de refinación
estadounidense. Varias refinerías de la costa del Golfo están preparadas para
procesar crudos pesados, como los de la faja petrolífera del Orinoco. La
producción estadounidense, predominantemente liviana, no satisface por sí sola
todas esas necesidades. En el negocio petrolero, la calidad del crudo y la
capacidad de procesarlo importan tanto como el volumen disponible.
Esta complementariedad industrial ayuda a explicar
el acercamiento entre ambas partes. A ella se suma la competencia por los
mercados y por la influencia política en América Latina. El acceso al petróleo
venezolano ofrece a Washington la posibilidad de fortalecer su abastecimiento
regional, obviando el paso por el estrecho de Ormuz y limitar la presencia de
otras potencias. La energía sigue ocupando un lugar determinante en las
relaciones internacionales.
El secretario de Energía, Chris Wright, fue
explícito al anunciar que Estados Unidos comercializaría la producción
venezolana “indefinidamente” y así lo viene haciendo. El control de las ventas
y de sus ingresos aparece así como un instrumento para orientar los cambios que
Washington busca en Venezuela. Por su parte, Delcy Rodríguez extendió una
invitación a trabajar en una “agenda de cooperación”. Estas declaraciones
muestran cómo el petróleo se ha convertido en un punto de encuentro entre
gobiernos que hasta hace poco mantenían una abierta confrontación. Ambas
declaraciones muestran el carácter transaccional del acercamiento. Y esa
complementariedad ayuda a explicar el interés mutuo por recuperar los flujos
comerciales entre ambos países.
En este escenario y luego de la flexibilización de
las sanciones impuestas por el departamento del Tesoro control estadounidense y
la apertura a que ello ha dado lugar, Colombia tiene razones para prestar
atención. Una recuperación sostenida de la producción venezolana podría
intensificar la competencia en el mercado de crudos pesados, el mismo nicho en
el cual participa nuestro país y presionar los ingresos de nuestras
exportaciones. La mayor disponibilidad de oferta podría presionar a la baja los
precios relativos y modificar las preferencias de los compradores. Su magnitud
dependerá de las inversiones efectivamente ejecutadas, de la demanda mundial y
de las condiciones comerciales. Conviene prepararse para ese escenario sin dar
por consumados sus efectos.
El impacto dependerá de cuánto petróleo adicional
llegue al mercado, de la demanda mundial y de las condiciones comerciales. Por
eso, sería apresurado presentar como inevitable una caída determinada de los
ingresos colombianos. Pero también sería imprudente ignorar el riesgo.
Menores precios o volúmenes exportados pueden afectar la entrada de divisas,
las utilidades empresariales y los ingresos tanto para la Nación como para las
entidades territoriales vinculados a la actividad petrolera.
Colombia debe prepararse para competir en ese
entorno. Ello exige cuidar la productividad de sus operaciones, ofrecer
condiciones que permitan inversiones y avanzar en la diversificación de su
economía. La transformación productiva requiere tiempo y financiación.
Debilitar las fuentes actuales de ingreso antes de consolidar otras puede hacer
más difícil ese tránsito.
Desde otra perspectiva, la nueva coyuntura también
abre una ventana de oportunidad. Colombia y Venezuela cuentan con antecedentes
de cooperación energética que merecen una revisión. Las posibilidades del
intercambio de electricidad pasan por una evaluación técnica del estado de las
interconexiones tanto por La Guajira como por Norte de Santander y el
transporte de gas por el gasoducto Antonio Ricaurte son asuntos concretos
alrededor de los cuales podría construirse una agenda binacional. Aprovechar
esa infraestructura exige comprobar su estado, asegurar el suministro y obtener
las autorizaciones correspondientes. La infraestructura existente ofrece un
punto de partida, pero su aprovechamiento exige verificar el estado de los
equipos, la disponibilidad del recurso y las condiciones de entrega.
ECOPETROL, por su parte, debería evaluar las
posibilidades de participar en la recuperación de la industria de hidrocarburos
venezolana. Su experiencia y los antecedentes de cooperación constituyen
elementos para explorar proyectos. La entrada anunciada de GeoPark al vecino
país muestra que otros actores ya están identificando oportunidades. Anunció el
2 de septiembre de 2026 su entrada en Venezuela mediante el bloque Bare, en la
faja petrolífera del Orinoco.
Este paso merece atención de ECOPETROL, que debería
examinar dónde su experiencia puede traducirse en oportunidades rentables, con
garantías suficientes para proteger el patrimonio de sus accionistas. Dejar
pasar el tiempo también tiene un costo. Por ello, celebramos que el
nuevo Presidente de ECOPETROL Joaquín Gutiérrez haya viajado a Caracas con el
objeto de explorar e identificar oportunidades de negocio, pues, como reza el
proverbio oriental, un viaje de mil millas comienza con un solo paso y este es
el que se están dando. Bien dijo Bill Gates que “el éxito en los negocios está
en saber hacia dónde va el mundo y llegar allí primero”.