Por ÁLVARO VÉLEZ BUSTILLO
En el
debate sobre el futuro de Aguas de Cartagena conviene partir de los hechos, no
de las percepciones. Administrar el sistema de acueducto y alcantarillado de la
ciudad exige una capacidad técnica, administrativa y financiera excepcional.
Pensar que basta con cambiar la empresa operadora para mejorar el servicio
desconoce la complejidad de una infraestructura estratégica para más de un
millón de habitantes.
Durante 31
años, el modelo de empresa de servicios públicos domiciliarios mixta permitió
ampliar la cobertura, aumentar el número de usuarios, extender las redes,
mejorar la continuidad del servicio, incrementar la producción de agua potable
y ejecutar el sistema de saneamiento que hoy protege la bahía y los cuerpos
internos de agua de Cartagena. El respaldo de un operador de nivel mundial
convirtió un sistema con enormes limitaciones en un referente internacional.
La realidad
operativa de Cartagena es especialmente exigente. El agua cruda debe captarse a
más de 40 kilómetros de las plantas de tratamiento y ser impulsada mediante
bombeo permanente, con altos costos de energía. El alcantarillado depende de
numerosas estaciones de bombeo y de un complejo sistema de pretratamiento y
emisario submarino, una de las obras de saneamiento más importantes del país.
A ello se
suma una realidad social que no puede ignorarse. Más del 80 % de los usuarios
pertenece a los estratos 1, 2 y 3. El fraude, las conexiones ilegales, las
nuevas invasiones y el no pago generan elevadas pérdidas comerciales. Al mismo
tiempo, las intervenciones clandestinas deterioran las redes y aumentan las
pérdidas técnicas. Recuperar esa agua equivale a producir nueva oferta sin
construir una sola planta adicional.
Por eso, la
discusión no debe concentrarse en desmontar un modelo que ha demostrado buenos
resultados, sino en fortalecerlo. La ciudad necesita un gran acuerdo entre el
Distrito y el socio operador Veolia para ejecutar dos prioridades inaplazables:
construir el segundo módulo de potabilización con una capacidad de producción de
52.000 metros cúbicos diarios de la planta El Cerro y desarrollar un plan
integral para reducir las pérdidas técnicas y comerciales mediante renovación
de redes, control del fraude, modernización tecnológica y una intensa gestión
de trabajo social.
Cartagena
requiere decisiones responsables, sustentadas en evidencia y visión de largo
plazo. Lo que está en juego no es el futuro de una empresa, sino la seguridad
hídrica, la salud pública, la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida de
toda la ciudad. Preservar lo que ha funcionado y corregir lo que debe mejorarse
es el camino más seguro para garantizar un servicio confiable para las próximas
décadas.




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