Angie Rodríguez, exmano derecha del
presidente, destapó un presunto concierto para delinquir con más de 20
funcionarios identificados, espías infiltrados y una figura sin cargo oficial
que, según sus denuncias, manda en el Dapre, el Ministerio de la Igualdad y el
Fondo Colombia
La
pregunta que todo ciudadano debería hacerse es simple: ¿cómo puede alguien sin
ningún nombramiento oficial controlar el Dapre, el Ministerio de la Igualdad,
el Fondo Colombia en Paz, ¿el Fondo Paz y ahora intentar hacerse con el Fondo
de Adaptación frente al cambio climático?; desde el portal de noticias CORRUPCIÓN
AL DIA, se realizó el siguiente estudio, muy concluyente:
Hay algo
profundamente revelador en lo que está ocurriendo en la Casa de Nariño. No en
los pasillos de la oposición, no en las oficinas de los medios «de siempre»
que el gobierno acusa de parcialidad. Sino desde adentro. Desde la boca de
quien fue la mano derecha del presidente Gustavo Petro. Desde el
escritorio de alguien que todavía, mientras usted lee esto, dirige una entidad
que maneja más de 1,2 billones de pesos del erario.
Angie
Rodríguez,
gerente del Fondo de Adaptación y exdirectora del Dapre, decidió romper el
silencio. Y lo que salió no fue un desahogo, ni una venganza de empleada
despechada: fue un mapa. Un mapa de una presunta red criminal que
opera desde dentro del gobierno que prometió acabar con la corrupción en
Colombia.
Más de 20 personas identificadas. Espías infiltrados en
entidades. Extorsiones documentadas. Títulos universitarios falsos presentados
ante el Estado. Presuntos vínculos con el ELN como instrumento de presión. Y,
en el centro de todo, una figura que no tiene cargo oficial pero que, según
múltiples denuncias, dicta quién entra y quién sale de por lo menos cinco
entidades públicas: Juliana
Guerrero.
La respuesta
es la arquitectura invisible del poder real. No se necesita un cargo. Se
necesita acceso al oído del que manda, y el resto se resuelve solo.
Angie Rodríguez reveló
que Juliana
Guerrero la persona mas cercana al saliente presidente
Petro, y con un alto poder el último año en la presidencia de la república, tuvo
el descaro de ir a las entidades a mandar, a decir qué se contrata, a quién se
vincula y a quién no. Con su hermana, va al Ministerio de la Igualdad y toman
decisiones sin ser funcionarias públicas. No hay contrato. No hay resolución de
nombramiento. No hay acto administrativo que deje rastro. Solo una llamada. Un
mensaje. Una visita a la nueva directora recién posesionada. Así de sencillo, y
así de grave.
El caso del Fondo
Colombia en Paz es el ejemplo más ilustrativo. En plena
Ley de Garantías y sin ningún sustento, le pidieron la renuncia a un
funcionario técnico e íntegro. Detrás de esa presión estaba Guerrero, quien luego
entró al Fondo a reunirse directamente con la nueva directora. No hay prueba
más contundente de cómo funciona este mecanismo: sacar al funcionario que sabe,
poner al que obedece, llegar a «reunirse» con la nueva pieza.
Y el Fondo de Adaptación, con sus más de 1,2 billones de
pesos destinados a enfrentar emergencias climáticas, era el siguiente
objetivo. Rodríguez aseguró
que había un entramado para sacarla del Fondo de Adaptación y hacerse con su
presupuesto millonario.
Se comenta con mucho acierto en medios nacionales de prensa, que
uno de los primeros mensajes en
el celular que Gustavo Petro ve cuando se levanta es el de Juliana Guerrero.
Hablan por Line, la única plataforma de mensajería que usa el mandatario, y se
comparten canciones —desde Bad Bunny y Beéle hasta vallenatos de los de antes–,
libros de autores como Karl Marx y Thomas Piketty y comentan algunos temas de
la coyuntura política.
Se insiste en que la mayor
depredación económica de las arcas nacionales por parte del gobierno saliente,
se dará en los próximos 35 días, antes de entregar la Casa de Nariño.







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