lunes, 15 de junio de 2026

EL KINDER DEL FARAÓN DUMEK I SE PONE RABIOSO

 


Por VICENTE ARCIERI - Check-in Caribe

 

Se presentó en sociedad el kínder de Dumek 'El Divino' Turbay, que aspira, después de graduarse con honores en el preescolar de La Aduana, a hacer las tareas al pie de la letra que les encomienden, de llegar al sillón de mando distrital.

 

Dicen que son sus chicos plásticos. Tal vez son usuarios del bótox y otros retoques, siempre bien peinaditos y perfumados, con gafas oscuras y poses de catálogo.

 

Hasta les tocará comprar ropa en la boutique de Ketty Tinoco para que las selfies se parezcan cada vez más a las de su modelo a seguir: el hombre de Dios cuyos enemigos suelen recibir castigos por meterse con él.

 

Además de las camisas de lino de Ketty, les tocará conseguir correas y zapatos Ferragamo, aunque sean chimbeados o de segunda mano, porque los originales son demasiado caros. A menos que hayan ahorrado bastante durante su paso por las secretarías. Porque ese lujo parece reservado para el Ramsés Dumek I, de la milenaria dinastía de la chepacorina carmera, quien no repite pinta (outfit para usar una palabreja de redes) y cuyas camisas de lino pueden costar un ojo de la cara.

 

El que más sigue su línea de vestir y actuar es el exsecretario del Interior, Bruno Hernández Ramos, padre putativo del estruendosamente fracasado Plan Titán, del que dicen hoy nadie en el Palacio de la Aduana puede hablar ni siquiera en voz baja so pena de perder la OPS o el nombramiento.

Bruno es como el alter ego de El Divino. Y es como si le hubiera salido la Virgen. Hasta hace poco era un funcionario de cuarta categoría, que ni fu ni fa. Lo máximo y más notable que había hecho en su vida pública era leer mensajes y pasar lista en el Concejo (2001-2002), donde fue secretario general. Esa parecía ser su mayor gloria en el sector público.

 

Ahora, por haber obedecido todos los mandatos —"¿Lo puedes hacer o tengo que hacerlo yo?", cuentan que pregunta El Faraón cuando siente que sus subordinados no cumplen sus órdenes—, ya no quiere pisar el suelo. Levita. Y más cuando se pone las gafas negras. Como secretario se especializó en perseguir y regañar "chirretes", como llamó a los delincuentes de poca monta quien también sonó como posible competidor suyo: el director de Distriseguridad, Jaime Herández.

 

De Dayro Bustillo Alvarado, exsecretario Privado, se le conoce su sonora ascendencia metálica. El sonido de chatarras que carga es un pequeño defecto de familia. Algunos que andan siempre con la malditidad aseguran que hizo una maestría en el manejo de maletines. Los lleva y los trae con notable destreza. Lo que nadie termina de saber, según cuentan las malas lenguas, es qué llevaban aquellas misteriosas maletas.

 

Y para cerrar este primer ramillete de chicos plásticos, y como para cumplir con la cuota de diversidad étnica que exige el libreto, aparece Campo Elías Terán Humánez, ‘Campito’, exdirector del IDER, que a veces se le pegaban las sábanas y El Divino lo regañaba por llegar tarde.

Hay quienes bromean diciendo que en algunas fotos le aplican suficientes filtros como para aclararle la piel y hacerlo parecer apto para ciertos gustos electorales de los blanquitos de Bocagrande y Castillogrande, en caso de que reciba la bendición definitiva de Dumek I.

 

Lo que no hay entre los jinetes de Ramsés Dumek I son mujeres. La sucesión del imperio parece reservada para los meros machos. Eso sí, todos han exhibido disciplina, obediencia y lealtad hacia su superior inmediato.

Y ya lo demostraron.

 

Dos de ellos, Bruno Hernández y Dayro Bustillo, salieron como canes rabiosos a tratar de morder a uno de los suyos del pasado: el exsecretario de Planeación, Camilo Rey Sabogal, quien se atrevió a decir que los avances en reducción de pobreza tenían más relación con las políticas del gobierno nacional que con los méritos exclusivos del faraón local.

 

Para qué dijo semejante cosa.

El kínder se sublevó. Empezó a lanzar piedras contra quien hasta hace poco compartía pupitre en el salón de clases de la administración distrital. Dayro y Bruno cazaron la pelea. “En el recreo nos vemos”, dijeron.

Y esto apenas se calienta.

 

También hay quiénes se preguntan si estos chicos plásticos son apenas tres globos de ensayo que terminarán reventándose con el primer alfiler que les pase cerca.

 

Y, tal vez, después de que esos globos se desinflen, aparezca el verdadero ungido de El Faraón de la dinastía de la chepacorina carmera. Por ahora, lo que muestran es una notable disposición para defender el corral de su patrón con más entusiasmo que independencia.

 

Aunque también andan rondando la Plaza de la Aduana, al tiempo que son asiduos visitantes al palacio de Barcelona de Indias Javier Julio Bejarano y Javier Doria, esperando el guiño del Emperador quien ha sido visto tomando café extrafino con El Yoyo Benedetti.

 

















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