La Fiscalía abrió investigación
formal contra el expresidente ALVARO URIBE VÉLEZ, por los crímenes de El Aro,
La Granja y el asesinato del Defensor de Derechos Humanos Jesús María Valle.
Tres expedientes. Diecisiete muertos en un corregimiento incendiado. Cinco
campesinos torturados en otra vereda. Un abogado que denunciaba lo que nadie
quería ver, ejecutado en su propio despacho. Y un gobernador que, según la
evidencia, lo sabía todo.
Los corregimientos
de El Aro y La Granja, en el
municipio de Ituango,
Antioquia, no aparecen en los mapas turísticos de Colombia. Aparecen en los expedientes
de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, en las declaraciones de
paramilitares desmovilizados y, desde el 17 de junio de 2026, en una resolución
de la Fiscalía Tercera Delegada ante la Corte Suprema de Justicia que vincula
a Álvaro Uribe
Vélez, mediante indagatoria, con tres de los crímenes más
atroces del conflicto armado colombiano.
La resolución 11001609925220000004954 no es un accidente
jurídico. Es el resultado de 26 años de investigación previa que comenzó en
mayo del año 2000, cuando la misma Fiscalía ordenó la apertura del expediente
por los hechos de 1996 y 1997. Veintiséis años en los que las víctimas
envejecieron esperando, en los que Uribe gobernó el país durante dos periodos
presidenciales, acumuló poder, erigió un movimiento político y se convirtió en
el senador más votado de la historia reciente de Colombia. Mientras tanto, los
17 muertos de El Aro seguían muertos. Y los campesinos desplazados de La Granja
seguían desplazados.
Eso es lo que hace el poder cuando opera sin contrapesos:
convierte la impunidad en una forma de vida tan naturalizada que termina
pareciendo normal.
La masacre de La
Granja ocurrió el 11 de junio de 1996. Treinta
paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, bajo el mando
de Carlos Mauricio
García, alias ‘Doble
Cero‘, y con la coordinación de los hermanos Castaño y Salvatore Mancuso,
ingresaron al corregimiento y asesinaron a cinco personas, entre ellas William de Jesús Villa García, Graciela Arboleda, Jairo de Jesús Sepúlveda y Héctor Hernán Correa García.
Campesinos. Sin nexos con la subversión, según la investigación judicial.
La Fiscalía concluye hoy que el entonces gobernador Álvaro Uribe Vélez «sabía del riesgo que corría
la población civil«,
dado que era «evidente e incuestionable»
la presencia paramilitar en la zona. Y pese a ese conocimiento, no adoptó
ninguna medida de protección. La figura jurídica que usa la Fiscalía es
precisa: comisión por
omisión. Es decir, la masacre no solo se comete con quien aprieta
el gatillo. También se comete con quien, teniendo la obligación y el poder de
evitarla, mira hacia otro lado.
Dieciséis meses
después, entre el 22 y el 31 de octubre de 1997, unos 150 paramilitares de las
mismas Autodefensas ingresaron al corregimiento de El Aro. Quemaron 42 de
las 60 casas del pueblo. Robaron 1.200 cabezas de ganado. Desplazaron a 1.472
personas. Y asesinaron a 17 campesinos. Según Salvatore Mancuso en
sus propias confesiones ante la justicia, aquella incursión fue ejecutada «por pedido expreso de Pedro Juan Moreno, quien actuaba a nombre de Álvaro Uribe«.
LOS
ACTORES Y SUS ROLES: NADIE ACTÚA SOLO
Este
caso no se entiende sin la cartografía completa del poder que lo hizo posible.
Álvaro
Uribe Vélez, gobernador de Antioquia entre enero de 1995 y
diciembre de 1997, el periodo exacto en que ocurrieron ambas masacres. Según la
Fiscalía, habría tenido conocimiento de las operaciones paramilitares en
Ituango y, presuntamente, habría facilitado su ejecución a través de su
Secretario de Gobierno.
Pedro
Juan Moreno Villa, secretario de Gobierno de la gobernación,
señalado por la propia Fiscalía como el intermediario entre el despacho
gubernamental y los líderes paramilitares Carlos Castaño y Salvatore
Mancuso. Según el ente investigador, Moreno «pudo haber solicitado a los
líderes paramilitares que, en asocio con altos mandos militares, planearan y
coordinaran la incursión» a El Aro.
Carlos
Castaño Gil, jefe máximo de las AUC, cuya estructura fue la
ejecutora material de los crímenes. Asesinado en 2004 por sus propios aliados.
Salvatore Mancuso, comandante
paramilitar que confesó en múltiples escenarios judiciales, incluida la
Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que Uribe «siempre tuvo conocimiento»
de las operaciones. Mancuso hoy está bajo custodia del Estado colombiano
después de extradición y regreso desde Estados Unidos.
Y luego está Jesús
María Valle Jaramillo: abogado, fundador del Comité Permanente
de Derechos Humanos de Antioquia, nacido precisamente en Ituango. Desde 1996
denunciaba públicamente, con nombre y apellido, las masacres paramilitares en
su municipio natal y la complicidad de la fuerza pública. Denunciaba lo que
nadie en el poder quería que se supiera. El 27 de febrero de 1998, en su propio
despacho en Medellín, un comando paramilitar lo ejecutó. Tenía 55 años.






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