Por
AMYLKAR ACOSTA MEDINA - www.amylkaracosta.net- Miembro
de Número de la ACCE
Como es bien sabido, el Ministro de
Hacienda Germán Ávila radicó en el Congreso de la República el proyecto de n
del Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia de 2026 aforado en un monto
de $556.9 billones, equivalente al 28.9% del PIB, con un incremento del 9% con
relación a los $511 billones de la actual vigencia y del 14.1%, si se excluye
el rubro de servicio de la deuda. Concomitantemente presentó también a su
consideración un proyecto de ley de financiamiento contentiva de una reforma
tributaria con el fin, según el, de que “se discuta paralelamente con la
propuesta de PGN”.
Se repite la historia de hace un año
cuando se presentó el proyecto de ley de presupuesto de este año con un
desfinanciamiento de $12 billones y se intentó infructuosamente que el Congreso
de la República le aprobara una ley de financiamiento por ese mismo valor para
tapar el hueco. Ante la negativa del Congreso el Presidente de la República
terminó decretando el PGN de la actual vigencia, viéndose compelido a decretar
el congelamiento de dicha suma para equilibrar el presupuesto. Pero esta vez el
monto del faltante es más del doble de dicha suma, ahora asciende a la suma de
$26.3 billones, 4.72% del monto global, los cuales se pretende recaudar con la
socorrida ley de financiamiento.
Ante la reticencia del Congreso de la
República de aprobar una segunda reforma tributaria en el cuatrienio del
Presidente Petro, después de la del 2022, que estuvo precedida por la del
Presidente Duque en 2021, en este última legislatura, signada por el agitado
clima pre-electoral, con la desintegración del quorum de la Comisión tercera de
la Cámara de Representantes por parte de la bancada oficialista en momentos en
los que se discutían propuestas para bajar y ajustar el monto del presupuesto,
acorde con la expectativa de ingresos se le allanó el camino al Presidente
Petro para que este decrete, una vez más, el PGN para el año entrante, dado que
se agota el 15 de este mes el plazo legal para evacuarlo por parte del
Congreso.
El
Presidente Petro, emplazó al Congreso de la República, alegando su propia culpa
del desaforado ritmo del gasto, afirmando con total desenfado que “el Estado va
a quebrar si el Senado no aprueba la Ley de financiamiento”. Y fue más lejos al
espetar que “todas las cifras lo dicen…nos hundiremos en la barbarie”. En todo
caso el plazo límite para la aprobación del monto se agotó, con lo cual el
Gobierno se ha salido con la suya en esta primera instancia, ahora resta saber
si antes del 20 de octubre se aprueba el articulado del proyecto de PGN por
parte del Congreso de la República o el Gobierno se sale con la suya,
recurriendo al filibusterismo que tanto ha criticado cuando la practica la
oposición.
Aunque el Ministro Ávila aduce que “no hemos evaluado un plan B”,
el hecho cierto es que ello le conviene al Presidente, quien no disimula su
deseo de que quede en sus manos decretarlo, pues ello le permite esquivar el
debate en el Congreso de la República, el cual podría poner en riesgo la
aprobación de varios artículos que le dan facultades omnímodas al ejecutivo,
entre ellos la de modificar y reprogramar lo atinente a las vigencias futuros,
intento este que ha sido muy controvertido y cuestionado por poner en riesgo la
confianza inversionista y la seguridad jurídica, al dejar en el limbo . Y ello
pese a la advertencia de que la Contraloría General le advirtiera que “las
vigencias futuras son de única destinación” y en consecuencia “no deben ser
reprogramadas ni destinadas a otros fines”. Así de claro!
Las críticas al proyecto de
presupuesto presentado por parte del Gobierno por parte de los expertos y de
los centros de pensamiento no se han hecho esperar. Como contexto es importante
destacar que el mismo está precedido por la decisión del Gobierno Nacional de
recurrir a la Cláusula de escape de la Regla fiscal para desembarazarse de su
cumplimiento y tener las manos libres para gastar sin límites.
Según el Director ejecutivo de
Fedesarrollo Luis Fernando Mejía lo que está pasando con el PGN refleja un
grave problema de planificación financiera en el Gobierno al presentar
presupuestos que no son financiables y remató diciendo que “hay montos
desbordados y baja capacidad de recaudo” y que con el crecimiento del PGN en un
9%, el triple de la meta de inflación objetivo que se ha fijado
el Banco de la República, “no se están dando señales de apretar el cinturón”,
como lo aconseja la responsabilidad y la sostenibilidad fiscal.
Al escudriñar las cifras y los rubros
de las distintas partidas del proyecto de PGN, además del crecimiento
desproporcionado del monto del mismo, que no se compadece con los precarios
ingresos, llama poderosamente la atención el crecimiento de la asignación a los
gastos de funcionamiento ($365.7 billones), que es del 11.1%, insuflados
fundamentalmente por la hipertrofia de la burocracia, particularmente de los
contratos por prestación de servicios (OPS), los cuales se incrementaron, sólo en las entidades centralizadas, según el
Sistema electrónico de contratación pública (SECOP), el 40% entre 2021 y 2024,
al pasar de 45.000 a 63.000, con un costo de $3.2 billones, aproximadamente.
Pero en total, entre agosto de 2022 y julio de 2025, se han firmado 382.858 OPS, con un costo aproximado de $14.6 billones, equivalente al rubro correspondiente a la inversión. Dicho de otra manera, si se prescindiera de tanta burocracia parasitaria y se hiciera una liposucción a ese gasto inútil, se podría reducir el desfinanciamiento a $11.7 billones, en lugar de los $26.3 billones. Sólo en 2025 se registraron 101.120 nuevos contratos, por valor de $4.87 billones (¡!). Ello, a contrapelo de la retórica del Gobierno y su reforma laboral, las cuales propenden por la formalización laboral y en contra de la precarización del empleo.







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