El sagrado recinto de la Iglesia se convierte en el
nuevo campo de batalla de la guerra cultural europea.
La orden es clara y contundente: no más banderas
del arcoíris en los altares. Un prominente Cardenal alemán ha decidido poner
fin a lo que denomina la 'profanación ideológica' de los templos. Este choque de
trenes ocurre en una Alemania donde Olaf Scholz ha institucionalizado el progresismo,
generando un vacío entre la ley civil y el dogma católico.
El
purpurado sostiene que la Iglesia debe volver a sus raíces y dejar de actuar
como una ONG de corte liberal. Los fieles en Berlín y otras grandes metrópolis
están divididos ante lo que muchos consideran un retroceso, pero que la cúpula
eclesiástica define como una defensa de la santidad.
El uso
de estos símbolos ha sido tachado de distracción política que aleja a los
creyentes de la verdadera doctrina, marcando un precedente que podría ser
imitado por otros obispos en el resto del continente.
La
polarización en Alemania ha llegado al púlpito, demostrando que la neutralidad
es imposible en la era de las identidades.





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