Por MÓNICA
VÉLEZ BUSTAMANTE
Hace
días se ha hecho tendencia el caso de los acosos en un canal de televisión
nacional, unas valientes periodistas que presuntamente venían siendo victimas
de acoso por parte de dos de los más reconocidos periodistas y presentadores
del país, el reconocimiento de los involucrados en el vergonzoso caso causa un
despliegue mediático muy amplio, y pone nuevamente en debate público todo lo
relacionado con el acoso sexual, casos como el presunto caso de acoso sexual
protagonizado DIEGO CANCINO exviceministro
del Interior y designado hasta entonces
presidente de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), quien fue denunciado penalmente por acoso sexual
por VIVIANA VARGAS, exasesora del Ministerio del Interior, tras hechos
ocurridos el 9 de octubre de 2024 en su apartamento; en lo local podríamos
hablar de cualquier cantidad de casos que por temor no son denunciados.
El
acoso sexual no es más que cualquier comportamiento, verbal, físico, de
naturaleza sexual que no es deseado, es ofensivo y para quien lo recibe,
comentarios obscenos, piropos ofensivos, chistes sexuales, preguntas sobre la
vida sexual humillante o rumores; también los no verbales como las miradas
lascivas, gestos obscenos, exhibición de material pornográfico entre otros. Es
un tema que siempre levantara ampollas, sobre todo en sociedades
androcéntricas, patriarcales e hipócritas como las hispanas, que justifican y
estimulan estas conductas, siendo una de las violencias de genero más frecuente
y que más normalizamos. ¿Saben que el acoso sexual solo fue tipificado en
Colombia desde 2008? Y solo desde 2024 se enfoca en el ámbito laboral y
educativo.
El
debate que desde hace algunos años se presenta, sobre el piropo si es o no
adecuado, en mi modo de ver tiene una escala muy amplia de grises. ¿Cuándo es o
no apropiado? ¿Cuándo se convierte en acoso? ¿Esta frontera se corre según
quien lo diga o lo reciba? En mi opinión un piropo respetuoso y en el contexto
estricto que define la palabra misma no debe intimidar a nadie (me atormenta
pensar que pasara con mi auto estima cuando el moto taxi de la esquina no me
diga ¿mama qué? ¿Moto?).
Se
me ocurrió escribir sobre el tema luego de varias conversaciones casuales, con
amigos que estimo, pero que sus pensamientos patriarcales y machistas los lleva
de una u otra manera a defender a los acosadores; la expresión que levanta
ampolla ¡ahora todo es acoso! Pues siempre lo ha sido, noes confundir
galantería con acoso; la diferencia es abismal, solo que desde posiciones de
poder y siendo hombres es difícil verlo, urge la deconstrucción de varias
generaciones machistas.
Las
nuevas generaciones a pesar de la fragilidad de cristal y la proclividad a
sentirse ofendidos y amenazados por todo, tienen muy a su haber el respeto
innegable por el ser independientemente al genero (esto es un tema que tiene
tanto de largo como de ancho y profundo).
"En
definitiva, el grito de '¡ahora todo es acoso!' no es más que el eco de
un privilegio que se resiste a morir. Lo que antes era costumbre, hoy es
evidencia de una violencia que ya no estamos dispuestos a tutelar. La verdadera
frontera del respeto no la traza quien acosa, sino la dignidad de la víctima.
Urge deconstruirnos, no por fragilidad, sino por humanidad; porque el
reconocimiento de los derechos del otro no debería ser motivo de temor, sino el
piso mínimo para una sociedad que deje de disfrazar el abuso de las posiciones
de poder."








No hay comentarios:
Publicar un comentario